lunes, 25 de junio de 2018

La hipocresía de Silicon Valley: diseñan aparatos adictivos y meten a sus hijos a escuelas que prohíben su uso

Hace algunos años se dio a conocer que Steve Jobs casi no dejaba que sus hijos usaran el iPad, siendo él mismo un padre low-tech. Esta información generó cierta controversia, pues (según se argumentaba) la empresa de Jobs diseñaba y promovía sus productos en todo el mundo con la intención de que fueran utilizados todo el tiempo. Esta doble moral, por así decirlo, sólo se ha vuelto más pronunciada en los últimos años.

En un artículo anterior mecionamos que muchos de los ejecutivos de Silicon Valley estaban abandonando las redes sociales y desconectándose de los gadgets, conscientes de los efectos negativos que producen en términos de atención. Ahora, un artículo del New York Times revela la tendencia entre diversos ejecutivos de tecnología de meter a sus hijos a escuelas Waldorf, donde se les prohíbe usar gadgets.


Según escribe Gal Beckerman, la escuela Waldorf de Peninsula, en “el corazón de Silicon Valley”, es el lugar predilecto de los ejecutivos de Google, justamente porque allí los niños aprenden a tejer, escriben con gis, interactúan con la naturaleza y demás y, sobre todo, porque no hay pantallas: “ni una sola pieza de multimedia interactiva” es parte del contenido educativo. Es como una especie de idilio fuera del sistema.

El sistema Waldorf, basado en la filosofía de Rudolf Steiner, es diametralmente opuesto a los valores que representa la tecnología digital dentro de la economía del consumo y la gratificación inmediata.

No se puede dejar de notar una cierta hipocresía, ya que esto es al menos un reconocimiento de que estas tecnologías deberían ser controladas o moderadas. Hoy en día el lujo ya no es vivir donde existen pantallas y aparatos, es poder vivir en espacios libres de ellos para poder desintoxicarse o desarrollarse naturalmente.


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