miércoles, 23 de mayo de 2018

Hidratación en el embarazo y la lactancia

El embarazo y la lactancia aumentan las necesidades hídricas de las madres, pero ¿es necesario recomendar que las mujeres beban más durante estos periodos vitales? Te contamos qué dicen al respecto los expertos.

El embarazo y el periodo de lactancia son dos momentos vitales de las mujeres repletos de mitos y verdades a medias que afectan a diversos ámbitos de la salud. Sin lugar a dudas, uno de los más proclives a los mitos es el de la alimentación y los requerimientos nutricionales durante la gestación. ¿Tiene una madre que comer por dos durante el embarazo? ¿Tiene que beber más? ¿Hay que tomar más leche y más agua para producir más leche materna?


Los dietistas-nutricionistas ya llevan años desmintiendo que una futura madre tenga que comer el doble durante el embarazo para de esa forma alimentar también a su bebé; una recomendación que no solo no es cierta, sino que puede llevar a la embarazada a coger más peso del recomendable durante el periodo de gestación. Pero, ¿qué pasa con la hidratación? ¿Se recomienda beber más agua durante el embarazo y la lactancia? 


Cuánto agua se debe beber durante el embarazo

Una mujer con un índice de masa corporal normal aumenta su peso durante el embarazo en una media de 12 kilos, de los cuales entre el 50% y el 70% son agua corporal, presente fundamentalmente en el líquido amniótico, en la placenta (formada en un 85% por agua) y en el feto (entre 70% y 90% agua). En base a ello las necesidades hídricas de las embarazadas aumentan durante la gestación, se estima, según la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que en alrededor de 300 mililitros de agua diarios, esto es, en torno a una botella pequeña.

Una mujer con un índice de masa corporal normal aumenta su peso durante el embarazo en una media de 12 kilos, de los cuales entre el 50% y el 70% son agua corporal
La duda es: ¿tienen que beber las mujeres más agua durante el embarazo? “Es cierto que las necesidades hídricas de las embarazadas aumentan y necesitan beber más agua, pero nadie recomienda esto porque ya lo hacen. El matiz es importante”, asegura el dietista-nutricionista Julio Basulto, autor entre otros libros de Mamá come sano: alimentación saludable en el embarazo y la lactancia.

Para ejemplificar dicho matiz, el experto utiliza un ejemplo a modo de metáfora: “¿Necesitas pestañear más en Valencia cuando estás a 40º? Sí. ¿Alguien te recomienda que lo hagas? No, porque ya se hace. Es un absurdo recomendar algo cuando existe un mecanismo fisiológico llamado sed que funciona muy bien. Las únicas excepciones en las que existe justificación científica para aconsejar a una gestante que beba más allá de su sensación de sed es cuando esta padece una patología rara denominada oligohidramnios –escasez de líquido amniótico–, si sufre hiperémesis gravídica o una diarrea severa o si presenta fiebres altas”.

También en relación con la hidratación de las embarazadas suele esgrimirse el argumento de que en el caso de éstas el umbral de sed está disminuido, lo que implica que empiezan a tener sed cuando ya están en proceso de deshidratación. Para Basulto este es un mensaje “falso y torticero, posiblemente influido por los fabricantes de bebidas envasadas”. En ese sentido, vuelve a recordar que el propio mecanismo fisiológico de la sed hace que las mujeres embarazadas beban más per se y que no corran ningún riesgo de deshidratarse.



Hidratación durante la lactancia

Algo similar a lo que sucede con la hidratación durante el embarazo ocurre también con las necesidades hídricas durante la lactancia. Según el documento Scientific Opinion on Dietary Reference Values for water, de la EFSA, “la ingesta de agua durante la lactancia debe compensar la pérdida de agua a través de la producción de leche materna”. Por lo tanto, para la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, la ingesta de agua debe ser al menos tan alta como en mujeres no lactantes de la misma edad, a lo que habría que añadir el contenido de agua de la leche producida (que es en un 88% agua): entre 600 y 700 mililitros al día, unas dos botellas pequeñas.

¿Significa esto que una mujer que da el pecho a su hijo debe beber tres litros de agua al día? “Para nada. Esos mensajes complican la lactancia materna. Ya hay demasiadas presiones para que las mujeres dejen de dar el pecho y ya tienen suficientes dificultades como para que encima les añadamos una más: tener que estar pegadas todo el día a una botella de agua”, reflexiona el dietista-nutricionista Julio Basulto, que vuelve a hacer referencia al mecanismo de la sed que permite regular las necesidades de cada cual y recuerda que casi todos los alimentos que comemos “tienen agua en su composición”.

Este experto en nutrición remite también al estudio Cochrane Líquidos adicionales para madres que amamantan para aumentar la producción de leche. “En ocasiones se aconseja a las madres que aumenten su ingesta de líquidos con la esperanza de que esto mejore la producción de leche materna”. De esta premisa parte la investigación, que no obstante concluye que “no hay suficiente evidencia para apoyar un aumento en la ingesta de líquidos más allá de lo que es probable que requieran las madres que amamantan para satisfacer sus necesidades fisiológicas”.

En el mismo sentido se pronuncia, por último, el Manual de lactancia materna: De la teoría a la práctica de la Asociación Española de Pediatría. En el capítulo dedicado a la dieta y los suplementos para la madre lactante, el pediatra Carlos González explica que “la madre que lacta necesita tomar más agua, pero no es preciso imponerle un consumo determinado. Basta con que beba según su sed”. También recuerda que “beber agua extra no aumenta la producción de leche. Ni a corto ni a medio plazo”.


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