domingo, 26 de marzo de 2017

La mala alimentación, más peligrosa que el tabaco

Las dietas poco saludables son un riesgo mayor para la salud mundial que el tabaco. De la misma manera que el mundo se ha unido para regular los riesgos del tabaco, debe llegarse a un acuerdo marco sobre dietas adecuadas. Los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que la obesidad es responsable de 3.4 millones de muertes al año, y que hay 1,400 millones de personas con sobrepeso.

Como medidas a nivel mundial para combatir los problemas que ocasiona la mala alimentación, se han establecido 5 principalmente, estas son, el aumentar los impuestos a los productos menos saludables; regular los alimentos con alto contenido de grasas saturadas, azúcar y sal; limitar la publicidad de la comida basura; replantearse ciertos subsidios agrícolas que abaratan algunos productos y no otros y apoyar a los productores locales para que los consumidores tengan acceso a productos sanos, frescos y nutritivos.

Los Gobiernos han puesto el foco en aumentar la cantidad de calorías disponibles, pero muy a menudo han sido indiferentes acerca de qué tipo de calorías ofrecen, a qué precio, para quién son accesibles y cómo se comercializan.

Lo anterior, es el último llamamiento sobre el impacto de la obesidad en la salud mundial, mismo al que se le ha denominado la epidemia del siglo XXI. Según la Organización Mundial de la Salud, aunque el hambre es aún un problema para unos 800 millones de personas, la mala dieta lo es aún mayor: unos 1,400 millones de personas tienen obesidad o sobrepeso en el mundo, y estas malas dietas se relacionan con problemas cardiovasculares, diabetes, osteoartritis y algunos cánceres.

Este esfuerzo refleja un efecto pendular, es decir, se ha pasado de una preocupación por la insuficiente alimentación a lo contrario. De hecho, el 65% de la población mundial vive ya en países donde hay más muertos por comer de más que por comer de menos. Los últimos datos de la OMS indican que 800 millones de personas pasan hambre, frente a los 1,400 millones que tienen sobrepeso. Y estas malas dietas se relacionan con problemas cardiovasculares, diabetes, osteoartritis y algunos cánceres (mama, endometrio, colon). Además, el sobrepeso se relaciona con el 23% de las enfermedades cardiovasculares, el 44% de la diabetes, la osteoartritis y tumores de mama, endometrio y colon.

Expertos como José López Miranda, del Centro de Investigación Biomédica en Red para la Obesidad y la Nutrición (Ciberobn), afirma que el problema de la obesidad “es mucho mayor que el del tabaco”. “Casi la mitad de la población de los países desarrollados tiene obesidad o sobrepeso y, mientras el tabaquismo está en descenso, los problemas asociados a una mala dieta van en aumento”, dice.

Parte del mundo está literalmente comiendo hasta morir y no se ve ninguna prueba de que la prevalencia de la obesidad esté disminuyendo en ningún sitio. Los alimentos muy elaborados y las bebidas cargadas con azúcar son ubicuas, populares y baratas.

Así mismo, Dinamarca y Hungría plantearon en 2011 imponer una tasa sobre las grasas saturadas, pero los daneses la retiraron dos años más tarde. También Dinamarca, Noruega, Australia y Finlandia han planteado un impuesto sobre las bebidas azucaradas, lo mismo que Italia, Francia y recientemente en México. En Estados Unidos, el exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, abanderó la prohibición de las bebidas supergrandes, pero no la sacó adelante.

La patronal de la industria alimentaria española, FIAB, afirma que no hay evidencia científica alguna de que los impuestos, y en especial los discriminatorios, sean la solución para resolver problemas complejos como los relacionados con las dietas y con estilos de vida. No hay alimentos buenos o malos, sino que las formas de vida como el sedentarismo son clave en la obesidad.

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