martes, 21 de marzo de 2017

El agua, la otra guerra

México y Estados Unidos no sólo renegociarán el Tratado de Libre Comercio (TLCAN), sino también podrían revisar la vigencia del Tratado Internacional de Aguas, por el cual el país paga cuotas de agua a EU por el aprovechamiento de los ríos Colorado y Bravo desde 1944

En el marco del Día Mundial del Agua, que se celebrará la próxima semana, existe un tema que está presente en las negociaciones de México y Estados Unidos: el Tratado de agua del Río Colorado y Río Bravo.

En el plano de enemistad en el que pretende poner el presidente Donald Trump las relaciones México-Estados Unidos, con su intención de renegociar el Tratado de Libre Comercio (TLC), el vecino país del norte podría sacar la peor parte.

En el Senado de la República ya existe una iniciativa de ley para someter a revisión no solo el TLC, sino los 66 acuerdos bilaterales que mantienen ambas naciones.

Uno de esos, en el que desde 1944 México ha estado en desventaja frente a Estados Unidos, es el llamado “Tratado de Distribución de las Aguas Internacionales de los Ríos Colorado y Bravo”, en el que se estableció la administración conjunta de los afluentes del Colorado, desde Tijuana, y del río Bravo, desde Fort Quitman, Texas, hasta el Golfo de México, debido a lo cual, por décadas, México ha venido pagando cuotas de agua a Estados Unidos.

El tratado vigente sobre la administración conjunta de los dos principales ríos fronterizos, establece que a Estados Unidos sólo le corresponderán 431 millones 721 mil metros cúbicos de agua, en tanto que a México le asiste el derecho a disponer de hasta 2 mil 096 millones 931 mil metros cúbicos de las aguas contenidas en los ríos Colorado y Bravo.

En apariencia, el tratado de aguas beneficia a México, pero eso no es así, explica el doctor Federico Mancera Valencia, especialista en temas del agua del Centro de Investigación y Docencia (CID) del estado de Chihuahua, pues EU siempre argumenta sequías para sacar la mejor parte del acuerdo.

“Lo que -a su juicio- no lo permiten aprovechar la totalidad de las aguas que lleguen a la corriente principal del Río Bravo, procedentes de los ríos Pecos, Devils, manantial Goodenough y arroyos Alamito, Terlingua, San Felipe y Pinto”, ubicados en suelo de EU.

Por esa razón, tal como lo garantiza el Tratado, el reclamo de agua a México ha sido constante en los últimos 50 años; siempre bajo el argumento del gobierno norteamericano, que refiere bajos volúmenes de captación en los escurrimientos de los afluentes alimentadores de los ríos Bravo y Colorado, establecidos en el tratado, aun a sabiendas de que esos ríos alimentadores no aportaban gran cantidad de agua a los dos ríos fronterizos.

El tratado sobre la administración conjunta de los ríos Colorado y Bravo es la base legal sobre las que el gobierno de EU ha mantenido, desde 1944, una política de sumisión al gobierno de México, al exigirle compensaciones del vital líquido por la falta de lluvia en los desiertos de Arizona, Nuevo México y Texas, donde las precipitaciones pluviales nunca se han registrado en la forma en que fueron consideradas al momento de la firma del Tratado.

El “Tratado entre el Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos y el Gobierno de los Estados Unidos de América de la Distribución de las Aguas Internacionales de los Ríos Colorado, Tijuana y Bravo, desde Fort Quitman, Texas, hasta el Golfo de México”, como oficialmente se llama, fue firmado el 3 de febrero de 1944, por la representación mexicana encabeza por el embajador en EU, por Francisco Castillo Nájera, y Rafael Fernández Mac Gregor, titular entonces de la Comisión Internacional de Límites.

Por parte del gobierno norteamericano firmaron Cordell Hull, secretario de Estado de los EU, George S. Messersmith, embajador en México, y Lawrence M. Lawson, titular de la Comisión Internacional de Límites de ese país, quienes vislumbraron condiciones ventajosas en el uso del agua propiedad de los mexicanos.

Este es un tratado ventajoso para EU, aclara el investigador Federico Mancera, porque simplemente los representantes mexicanos de aquel tiempo no vislumbraron los cambios climáticos que EU -con el avance de su ciencia- ya pronosticaba, y que han venido sucediendo.

A consideración de este investigador, “es urgente replantear el uso del agua de los dos principales ríos de la frontera norte”, a fin de evitar un colapso en las actividades agrícolas y urbanas de la zona norte de México. 

Contrato leonino

El Tratado de aguas entre México y Estados Unidos, que finalmente se ha convertido en un contrato, en donde por periodos de cinco años las dos partes que conforman la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) revisan los volúmenes de lluvias que caen en ambos lados de las fronteras, para decidir el volumen de agua que debe ser aprovechado en cada país, ha dejado saldos negativos para México.

La deuda de agua de México con Estados Unidos se ha incrementado gradualmente desde 1992, luego de reconocer las dos partes del CILA que durante el quinquenio 1992-1997, los escurrimientos en los ríos a los que tiene acceso Estados Unidos, dentro de su territorio, y que alimentan a los ríos Colorado y Bravo, no permitieron al gobierno de esa nación acceder a los volúmenes de agua acordados en el Tratado.

Solo la escasez de agua en Estados Unidos, en el quinquenio 1992-1997 y 1998-2002, también conocidos como los periodos 25 y 26, hizo que México acumulara una deuda de agua a favor de Estados Unidos por un volumen estimado de 734 mil millones de metros cúbicos, los que no se habían podido pagar hasta apenas en octubre del 2016. También en el quinquenio 2003-2007, el periodo 27, México terminó con un déficit de agua tasado en 884 millones de metros cúbicos de agua.

Para el periodo 28, comprendido entre los años del 2008 al 2012, el gobierno de Estados Unidos volvió a argumentar -bajo los establecidos del Tratado- que tuvo baja captación de agua en sus afluentes, y exigió al gobierno mexicano el pago de los volúmenes no obtenidos por lluvias, los que fueron tasados en 324 millones de metros cúbicos de agua, los que fueron entregado apenas el pasado mes de octubre del 2016.

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Reporte Indigo

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