domingo, 21 de agosto de 2016

Petróleo, con los días contados

McKinsey espera que la demanda petrolera alcance su máximo nivel en el 2030, para después iniciar una caída continua. Esto tiene origen en una transición tecnológica hacia las energías renovables y un nuevo modelo de movilidad urbana.

Antes de junio de 2014, cuando los precios del petróleo iniciaron su mayor declive en una generación, las grandes firmas energéticas se regían por un mantra que era generalizado en la industria: invertir en todos los proyectos posibles para añadir reservas petroleras a las hojas de balance de las compañías.

Este paradigma estaba basado en la idea de que el petróleo se volvía cada vez más escaso y su demanda seguiría en aumento debido a la creciente expansión de la clase media de los países emergentes. La trayectoria de los precios del crudo sólo podían ser ascendentes.

Sin embargo, la economía global podría estar al borde de una disrupción de proporciones sin precedentes. Un estudio de la firma de consultoría McKinsey calcula que la demanda mundial de petróleo podría alcanzar su punto máximo en el 2030, para después iniciar una súbita caída.

Se estima que el pico de la demanda será de 100 millones de barriles de petróleo diarios, un punto no muy lejano de la demanda actual de casi 96 millones de barriles de crudo por día.

Futuro eléctrico

El modelo de McKinsey se basa en la premisa de que en los próximos años se acelerará la penetración en el mercado de los carros eléctricos, muchos de ellos autónomos que son parte de un nuevo esquema de movilidad urbana.

Tanto las firmas tecnológicas de Silicon Valley como las grandes armadoras automotrices han entrado de lleno al desarrollo de este tipo de tecnología.

Uber anunció que invertirá 300 millones de dólares junto con Volvo para desarrollar vehículos autónomos que serán puestos en actividad en Pittsburgh, Pennsylvania este mismo mes.

Asimismo, esta semana, Ford, anunció que en cinco años tendrá lista una flotilla de vehículos autónomos sin volante ni pedales que serán utilizados como parte de una plataforma similar a la de Uber.

General Motors, la armadora más grande de Estados Unidos, gastó mil millones de dólares en marzo para adquirir Cruise, una firma especializada en desarrollo de tecnología de vehículos autónomos. Además, la firma automotriz cuenta con una participación en Lyft, el rival más cercano de Uber.

De igual forma, Volkswagen invirtió en mayo 300 millones de dólares para obtener una participación en la plataforma Gett, mientras que Toyota es uno de los socios de Uber, que a su vez anunció una inversión en Otto, otra firma de desarrollo de tecnología de vehículos autónomos.

Además, Google, la firma con el mayor presupuesto de innovación y desarrollo en el mundo, creó una división especializada para el desarrollo de un vehículo eléctrico que pueda manejarse solo.

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Reporte Indigo

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