miércoles, 31 de agosto de 2016

Más aumentos en el mes patrio

El mes patrio inicia con nuevos aumentos a los precios de las gasolinas y de las tarifas eléctricas, porque según la Secretaría de Hacienda “complementan el compromiso del gobierno para mantener la estabilidad macroeconómica”.

Así queda claro, por si aún hubiera alguna duda, que el régimen sólo tiene compromisos con los grandes intereses financieros, ninguno con las clases mayoritarias. Obviamente, esta decisión antidemocrática traerá aparejadas más presiones inflacionarias, pero eso tiene sin cuidado al grupo reaccionario en el poder.

En cambio, cuando se habla de un magro incremento al salario mínimo inmediatamente se oponen, de manera unánime, los funcionarios del gabinete económico-financiero, dizque porque tendría un efecto inflacionario. Semejante absurdo es un insulto más al pueblo, ya que por mero sentido común no se puede comparar el impacto en los precios, y en la economía en su conjunto, de los aumentos a los energéticos a los del raquítico salario mínimo de los trabajadores mexicanos, el más bajo en América Latina, junto con el de Honduras.
Tanta preocupación por la macroeconomía de la mafia en el poder es lo que nos tiene al borde de la quiebra como país. Esta actitud se explica bajo el punto de vista de la corrupción que invade a las élites: la estabilidad macroeconómica (requisito del modelo neoliberal) las beneficia ampliamente, pero a costa del hundimiento de la economía en su conjunto al frenar el crecimiento, como así está sucediendo a partir de 1983. Ello explica que los aumentos a las gasolinas y a las tarifas eléctricas no les preocupen, ni tampoco les importen los costos políticos. Al fin que al terminar el sexenio se van con extraordinarias ganancias, y bajo el manto protector de la impunidad.

Por eso las cúpulas de los poderes político y económico tienen pánico a un verdadero cambio de régimen: se les acabaría su fuente inagotable de riquezas estratosféricas. Esto no lo conciben, les irrita enormemente sólo pensar en que algo así pudiera suceder. Tienen la adicción por los bienes materiales, son “adoradores del dios dinero”, como llamó el papa Francisco a los sátrapas que sólo viven para acumular riquezas, sin que ello los beneficie pues llega una etapa en que ya ni siquiera saben el monto de lo que tienen acumulado.

Si están dominados por su adicción, como le sucede a cualquier adicto, es inconcebible esperar que piensen en las consecuencias de sus actos que rayan en lo criminal. No es una exageración decirlo, pues en los últimos treinta años la creciente pobreza de millones de mexicanos ha tenido consecuencias que no se pueden contabilizar ni tampoco levantar estadísticamente. Suman millones quienes han sufrido por el encarecimiento del costo de la canasta básica. No sólo porque su calidad de vida disminuyó dramáticamente, sino porque literalmente han muerto como consecuencia de la falta de alimentación, de medicinas, de angustia y depresión por tanta violencia que se observa en las calles.

Pero esta lamentable realidad no preocupa un ápice a los miembros de la mafia en el poder, absorbido como tienen el seso por su incontrolable adicción. Así ocurrió con los hacendados porfiristas, valga la comparación, aunque aquellos no estaban dominados por la enfermiza adicción de la mafia neoliberal, sino por su forma de vida medieval y por sentirse muy superiores al resto de la población. Hasta que llegó el remolino de la Revolución y “los alevantó” sin ninguna contemplación.

Es por demás evidente, por otro lado, que a Enrique Peña Nieto no le importa el descrédito por su incumplimiento de las promesas hechas durante su campaña electoral. Todo se le resbala, como lo patentizan los hechos, como si tuviera un absoluto desconocimiento de la cotidianeidad del país o porque su cinismo no tiene límites. El caso es que actúa con un desprecio total a la ciudadanía, como un autócrata medieval. De ahí que lo que resta del sexenio, dos años, se vea como un lapso lleno de imprevistos, sin duda muy dramáticos la mayoría de ellos. Y por supuesto quienes pagarán las consecuencias serán las clases mayoritarias.

No es de extrañar que la tasa de homicidios, contabilizados por la propia autoridad competente, siga creciendo. Como si el tiempo se hubiera detenido y siguiéramos en el sexenio del genocida Felipe Calderón Hinojosa. El pasado mes de julio fue el mes con la cifra más alta de homicidios intencionales en el sexenio: mil 842.Tal es el rostro más estrujante de la descomposición social en el país. Sin embargo, las cosas pueden empeorar porque la mafia en el poder no tiene una mínima intención de actuar con sensatez, mucho menos con una pizca de patriotismo, como lo demuestran los hechos.

De ahí lo absurdo y hasta risible de que el dirigente visible del PAN, Ricardo Anaya, afirme que el blanquiazul “es la opción de cambio responsable en el 2018”. ¿Acaso tuvieron algún asomo de responsabilidad Vicente Fox y Calderón cuando estuvieron al frente del Ejecutivo? ¿Por qué ahora sí el abanderado del PAN podría actuar con ambas cualidades fundamentales para salir de la crisis, quien por cierto no cambiaría un milímetro los lineamientos del régimen conservador y reaccionario? ¿A quién cree Anaya que todavía puede tomarle el pelo si ambos partidos son lo mismo?

En consecuencia, el mes patrio de este fatídico año 2016 la inmensa mayoría de mexicanos verá aún más mermado su mísero salario. Esto tiene sin cuidado a la mafia del poder, porque sólo le importa mantener la estabilidad macroeconómica, o sea que los grandes capitalistas mantengan condiciones favorables para acrecentar sus ganancias.

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