miércoles, 10 de agosto de 2016

La venda en los ojos y el Harakiri

En conferencia de prensa, dirigentes de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco Servytur) exigieron a los partidos asumir los costos políticos que conlleva poner fin al movimiento magisterial. La idea del organismo empresarial es una especie de “prorrateo” con el PRI del precio que tendrían que pagar por reprimir a los maestros.

Por su parte, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) interpuso una demanda de amparo frente a las omisiones del Estado mexicano por “no haber garantizado los derechos individuales”, durante las marchas y bloques de los profesores que rechazan la mal llamada reforma educativa.

No debe sorprendernos el comportamiento de la élite empresarial, pues sólo hace uso de sus privilegios obtenidos luego de décadas de “omisiones” del Estado que han favorecido enormemente a sus miembros. Les parece inaudito que después de más de un año de resistencia de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), no se les haya puesto un alto que los inmovilizara por el resto del sexenio. El país se está cayendo en pedazos por tantos años de abusos de un “gobierno” al servicio de la cúpula del sector privado, pero eso les importa un comino a sus principales beneficiarios.

¿Cuándo han protestado, por ejemplo, por los desmanes contra la nación que ha provocado el consorcio Grupo México de Germán Larrea? ¿Por qué no protestan por el terrible desempleo que está propiciando la contrarreforma laboral, mientras miles de extranjeros ocupan plazas que debieran ser para mano de obra especializada y técnicos mexicanos? Pemex y la Comisión Federal de Electricidad se están llenando de trabajadores foráneos, quienes no sólo desplazan a connacionales sino que incluso ganan altos sueldos en dólares. La industria automotriz “mexicana” es otro sector productivo donde extranjeros tienen preeminencia sobre trabajadores mexicanos.

¿Por qué no protestan los miembros de la cúpula empresarial por esta incalificable situación que afecta de manera terrible a toda la nación, incluidos sectores importantes de la industria y el comercio? La respuesta es simple: porque lo que les preocupa es que la sociedad mayoritaria despierte de su modorra e inmovilismo gracias a la movilización magisterial. Su zozobra no es por motivos económicos, ni mucho menos porque les preocupe la afectación a terceros, sino porque tienen pánico a la democracia, a que las clases trabajadoras se organicen y luchen por sus legítimos derechos consagrados en la Constitución, los cuales les han sido conculcados con más fiereza mientras pasan los años y la minoría privilegiada apuntala su condición neofeudal.

La nación está en bancarrota y eso tiene sin cuidado a los dueños de los grandes negocios. Con inexplicable egoísmo se desentienden de la realidad y siguen presionando a un gobierno absolutamente a su servicio, sin fuerza y aislado de la sociedad mayoritaria, para que les siga brindando todo tipo de facilidades con el fin de afianzar riquezas jamás soñadas. Ahora amenazan con no pagar impuestos, como si las exenciones de que gozan no fueran otro más de sus privilegios. Impensable imaginar un comportamiento igual en naciones donde el Estado cuenta con instituciones firmes y estadistas con sólido peso político.

La gran tragedia de México en la actualidad es precisamente la ausencia de un Estado fuerte, la cual suplen organizaciones empresariales cada vez más envalentonadas y decididas a consolidar su proyecto de nación neofeudal. De ahí el fortalecimiento de la desigualdad en el país, fenómeno que no se justifica porque aún tenemos un territorio con enormes riquezas naturales, mismas que ante la falta de instituciones que las protejan, despiertan la voracidad de “empresarios” que no tienen freno a sus ambiciones, y además cuentan con la complicidad de funcionarios públicos que en realidad tienen vocación “empresarial”.

Por tales razones no debe sorprendernos la beligerancia de las organizaciones mencionadas, pues son congruentes con sus prioridades, absolutamente ajenas a una preocupación legítima por el futuro de los mexicanos. Si tal fuera el caso, les preocuparía el futuro de la educación pública, gratuita y laica, la cimentación de una sociedad progresista y capaz de brindar oportunidades de una vida mejor a todos los ciudadanos. No se ponen a pensar que en la medida que toda la sociedad se beneficie con un crecimiento real y compartido, ellos mismos, los grandes empresarios, se beneficiarían por partida doble: se fortalecería el Estado de derecho y no habría riesgos de ingobernabilidad, como actualmente.

¿Por qué en las naciones industrializadas, las más progresistas, la educación pública, gratuita y laica es apoyada firmemente por el Estado, con el beneplácito de la sociedad en su conjunto? Porque es la garantía del progreso logrado al paso de las décadas. Los países europeos, los más castigados por la Segunda Guerra Mundial, superaron las extraordinarias dificultades que les dejó el conflicto gracias a la educación. En Estados Unidos, los maestros de educación básica son los más beneficiados laboralmente, y gracias a esta realidad no hay ningún tipo de conflicto.

Es hasta un absurdo que aquí la élite empresarial se empeñe en liquidar la educación pública, gratuita y laica. Parecen no darse cuenta, en la ceguera producto de su voracidad, que así ellos mismos se hacen harakiri, como les sucedió a los hacendados porfiristas.

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