jueves, 14 de julio de 2016

Sudán, guerra civil

Sudán del Sur, el país más joven del mundo, una vez más vive una escalada de violencia que evoca el fantasma de la rebelión armada que afectó a esta región en 2013

Sudán del Sur, la nación más joven del mundo, con apenas cinco años de existencia, vive una escalada de violencia que ya ha cobrado cientos de vidas y ha profundizado la crisis humanitaria del país.

El pasado sábado 9 de julio, se cumplieron 5 años de la declaratoria de independencia del país africano en medio de ataques violentos que dejaron numerosas víctimas, principalmente en la capital Jabu, así como en Wau y Bentiu.

En los últimos 5 días, las víctimas civiles se cuentan por cientos, la escasez alimentaria y de agua potable ha llegado a niveles alarmantes, así como las denuncias de abusos y saqueos por parte de las fuerzas en combate. Los peores horrores de la guerra.

Las tropas leales al gobierno incluso llegaron a disparar contra civiles desarmados y contra la sede de las Naciones Unidas en la capital Jabu, alcanzando un vehículo blindado. Dos militares chinos fallecieron y seis más resultaron heridos.

Reina la confusión en las calles de Jabu, pues las tropas armadas se matan entre ellas, disparan contra la población civil y aprovechan el desconcierto para saquear sin control, sin que nadie sepa a ciencia cierta a qué bando pertenecen.

A esto se suma el despliegue de tropas del ejército de Uganda en la capital de Sudán del Sur, lo cual genera un nuevo factor de confusión, pues no se sabe si es una medida preventiva, o si tienen la intención de apoyar a alguno de los dos líderes en conflicto.

Las dos facciones que están luchando en territorio de Sudán del Sur son las fuerzas leales al presidente de ese país Salva Kiir y los aliados al vicepresidente Riek Machar.

Salva Kiir y Riek Machar han mantenido una rivalidad añeja, pero cuando el país logró su independencia en 2011, las dos facciones rebeldes acordaron la repartición del poder. Kiir sería presidente y Machar, vicepresidente.

Sin embargo, la frágil tregua duró poco, pues a finales 2013 resurgió el conflicto armado, el presidente Kiir llamó a la rebelión armada argumentando que Machar planeaba un golpe de Estado en su contra.

En 2015, Gobierno y oposición firmaron un acuerdo de paz, y sus combatientes se integraron al ejército sursudanés, y en abril de este año, formaron un gobierno de coalición con la intención de poner fin a la lucha sectaria.

Ahora, esa relativa paz se ha roto, y los bandos vuelven a estar en conflicto. Desde el renacimiento del conflicto en 2013, la ONU calcula que la guerra civil ha matado a más de 50 mil personas.

Ban Ki Moon, secretario general de la ONU ha pedido la imposición de un embargo inmediato de armas a la nación africana ante la escalada de violencia y ha pedido a las partes en conflicto respetar su compromiso en la pacificación del país.

El drama de la población

Una de las secuelas que ha dejado el estallido de la guerra civil en la joven nación africana, ha sido el desplazamiento forzoso de sus habitantes.

Según cifras de la ONU, desde el inicio del conflicto en 2013, más de 2 y medio millones de personas se han desplazado para huir de la violencia, 1 de cada 5 personas, el más alto nivel de desplazamiento de población en el mundo.

De esta cifra, alrededor de 1.6 millones son personas desplazadas internamente, y más de 800 mil se han refugiado en otros países como Etiopía, Uganda, Sudán y Kenia, principalmente. La mayoría son mujeres y niños.

Desde el resurgimiento de los combates hace 5 días se ha interrumpido el reparto de agua potable, los mercados se han quedado sin alimentos, y a todo esto se suma que los combatientes han aprovechado el conflicto para saquear a la población civil.

La situación humanitaria en el país es más que precaria. Según datos de Oxfam, una de cada tres personas en Sudán del Sur se encuentra en situación de inseguridad alimentaria, el 87 por ciento de la población no tiene acceso a sistemas de saneamiento y menos de la mitad tiene acceso a agua potable.

La ONG apunta que la población se enfrenta al peor periodo de escasez de alimentos desde la independencia del país, y calcula que alrededor de 5.3 millones de personas necesitarán asistencia alimentaria de urgencia.

Nada que festejar

Desde su nacimiento como país en 2011, este año fue la primera vez que el presidente Salva Kiir, decidió cancelar las festividades por la conmemoración de la independencia, y así ahorrarse los gastos dada la complicada situación económica del país.

El propio ministro de información del país, Michael Makuei Lueth, anunció que la única razón para cancelar la conmemoración eran problemas económicos. Los actos previos habían tenido un costo de alrededor de 1.6 millones de dólares, por lo que preferían destinar ese recurso a otros fines, como el pago de salarios.

Sin embargo, este ahorro tendrá un impacto imperceptible para la economía del país, que cuenta con la inflación más alta del mundo, aún superior a la de Venezuela, con más del 300 por ciento.

La depreciación de la moneda ha sido alarmante, en 2011, tras la declaratoria de independencia, un dólar norteamericano se cambiaba a 3.5 libras sursudanesas, y hoy se cambia a más de 50.

Sudán del Sur cuenta con grandes reservas petroleras, por lo que buena parte de su economía dependía de los ingresos petroleros, por lo que la caída en los precios del crudo, sumados a las secuelas de la guerra civil, han dejado una economía devastada.

Paz y tregua frágiles

>2011
El país logra su independencia. Las dos facciones rebeldes acordaron la repartición del poder: Kiir sería presidente y Machar, vicepresidente

>2013
Resurge el conflicto armado. El presidente Kiir llamó a la rebelión armada argumentando que Machar planeaba un golpe de Estado en su contra

>2015

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Reporte Indigo

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