lunes, 6 de junio de 2016

La Mentira Del SIDA

Hacia el año 1967 la CIA y el departamento de defensa de los EUA decidieron trabajar en el desarrollo y experimentación de armas biológicas secretas como ya lo venían haciendo en el proyecto MK ULTRA de control mental. Para esta tarea crearon el proyecto "MK NAOMI" teniendo como sede el laboratorio de la armada norteamericana en Fort Detrick, Meryland.

 Entre los miembros más sobresalientes que estuvieron involucrados en dicho proyecto, se encontraban Erich Traub (el mayor desarrollador de armas biológicas de Hitler), Klaus Barbie (el doctor psicópata conocido como el "carnicero de Lyon), el médico nazi (asesino) Josef Mengele (apodado el "ángel de la muerte" por su cantidad de crímenes atroces contra la población judía) y el político alemán Henrry Kissinger, quien es miembro del Club Bilderberg, la comisión Trilateral, el consejo de relaciones exteriores y de la orden ocultista Illuminati, los autores intelectuales detrás del fraude del SIDA. 

   Henry Kissinger desempeñó el rol de director del consejo Nacional de Seguridad durante la precidencia de Richard Nixon (miembro del Consejo de Relaciones Exteriores/CFR), luego de haber trabajado para el imperio de la familia illuminati Rockefeller. 

   El alto Oficial de la Inteligencia Naval Militar de EE.UU, (ONI-Office of Naval Intelligence) división administrativa, que forma parte de la Corporación de Inteligencia de los Estados Unidos Teniente Col. Milton W. Cooper, reveló que el Virus de Inmunodeficiencia Humana (HIV/AIDS), fue desarrollado en instalaciones biológicas militares de la base de Fort Detrick en 1972 por el Departamento de Defensa (DOD-U.S. Departament of Defense) y el Pentágono, como parte del Proyecto MK-NAOMI, siguiendo una orden ejecutiva directa y dando cumplimiento a una Agenda global establecida por el Departamento de Estado.

TESTIMONIO DEL ANALISTA DE INTELIGENCIA Y ALTO OFICIAL MILITAR:

Durante las conferencias que mantuve en Las Vegas Nevada EE.UU, di a conocer algunas cosas sobre la enfermedad del VIH, que he mantenido cerca de mí, en mi pecho. Se me reveló que el HIV/AIDS fue creado en laboratorios militares por EE.UU, para eliminar los elementos de la sociedad innecesarios y a la extensa población del Tercer Mundo, mientras estaba inscrito en la Seguridad y la Inteligencia Naval (ONI). Mencioné este hecho en mi artículo "El Gobierno Secreto". Ahora me permito publicar el resto de la información de carácter confidencial y aclaro que el gobierno y sus Agencias de Inteligencia desarrollaron el patógeno y también la cura o antídoto, los mismos que la mantienen en estricta reserva, bajo juramento de confidencialidad.
   Se sabe que desde hace muchos años atrás el gobierno de EE.UU. y las agencias de seguridad controlados por las sociedades secretas venían experimentando científicamente con los humanos, tal como lo hacían los alemanes del Tercer Reich en los campos de concentración nazi. Como ya vimos en otro post (OPERACIÓN PAPERCLIP, O "ALEMANIA NO PERDIÓ LA GUERRA"), la CIA decidió traerse todas las investigaciones junto con sus pioneros alemanes através de la operación clandestina "Paperclip". 

   Entre los miembros más sobresalientes que estuvieron involucrados en dicho proyecto, se encontraban Erich Traub (el mayor desarrollador de armas biológicas de Hitler), Klaus Barbie (el doctor psicópata conocido como el "carnicero de Lyon), el médico nazi asesino Josef Mengele (apodado el "angel de la muerte" por su cantidad de crímenes atroces) y el político alemán Henrry Kissinger, quien es miembro del club Bilderberg, la comisión Trilateral, el Consejo de Relaciones Exteriores y de la Hermandad, los autores intelectuales detrás del fraude del SIDA.

 LA INICIATIVA DEL PROYECTO

   El primer estudio fue realizado en 1957, por científicos reunidos en Huntsville, Alabama. Ese estudio dio lugar al Proyecto "Alternativa 3". Otro estudio fue realizado por el Grupo empresarial multibillonario más poderoso: El Club de Roma en 1968 con el fin de determinar los Límites del Crecimiento. El resultado del estudio fue que la civilización tal como la conocemos, se colapsaría poco después del año 2000, y los recursos naturales escasearían para las potencias hegemónicas, inclusive el mismo sistema capitalista estaría en peligro, a menos que la población se redujera gravemente, por algún medio. Varias Agencias Top Secret hicieron recomendaciones a la elite gobernante, por el Dr. Aurelio Peccei Director del Club de Roma, en ese entonces.
Reunión del Club de Roma, donde discutían cómo disminuir la población del planeta

Dr. Aurelio Peccei Director del Club de Roma.
Sugirió crear el SIDA como una herramienta
   La recomendación principal fue el desarrollo de un microbio indetectable, casi invisible, que atacara el sistema auto inmunológico y por lo tanto hacer que el desarrollo de una vacuna en forma inmediata fuera imposible. Las órdenes dadas fueron desarrollar el microbio y también desarrollar una cura y profiláctico. El microbio podría ser usado contra la población en general y se introdujeron por vacunas administradas en complicidad por la O.M.S. Organización Mundial de la Salud y organismos de salud continentales, tanto en África, Sudamérica y Asia. El uso del profiláctico y antídoto iba a ser utilizado por la elite gobernante. La cura será administrada a los sobrevivientes, cuando ellos decidan que han muerto bastante gente y lo vean conveniente. Entonces será anunciado como que fue desarrollado recientemente. Este plan fue llamado Global 2000.
HIV MADE IN USA – Fort Detrick en Maryland EE.UU, en el Laboratorio P4 (P4 Laboratory)

FINANCIAMIENTO DEL PROYECTO



   La cura y la profilaxis se reprimieron. La financiación se obtuvo del Congreso de los EE.UU., bajo el HB 15090 donde inicialmente más de $10 millones fueron destinados al Departamento de Defensa para producir, el arma “Un agente biológico invisible sintético que no existía de forma natural y para el cual ninguna inmunidad natural pudiera ser adquirida, posteriormente se incrementaron los fondos millonariamente, con fondos negros pertenecientes a las Operaciones Negras (BOP-Black Operations).”
MASONES DEL CLUB DE ROMA. BANQUEROS Y MULTIBILLONARIOS ENTRE SUS MIEMBROS, FINANCIADORES DEL PROYECTO

DISPERSIÓN DEL PATÓGENO



   Dado que gran parte de la población sería diezmada, la elite gobernante también decidió orientar el agente hacia los “elementos indeseables de la sociedad” al exterminio. Los objetivos concretos fueron los hispanos, las poblaciones negras de África, la de escasos recursos, continentes con extensa población como la asiática y básicamente la extensa población del Tercer Mundo, llamada por esta élite Población Basura o de Deshecho.

   El nombre militar del proyecto que desarrollo el HIV/AIDS es MK-NAOMI. El continente africano fue inicialmente infectado a propósito con el patógeno, a través de la vacuna contra la viruela en 1977, por el fabricante de la empresa MERCK.

   La población pobre de los EE.UU. fue infectada en 1978 con la vacuna contra la hepatitis B, a través de los Centros para el Control de Enfermedades y el Centro de Sangre de Nueva York, Los Ángeles y San Francisco, también por el fabricante de la empresa MERCK. Ahora se dispone de la historia completa, que fue escondida de los medios.

ORDEN EJECUTIVA DIRECTA Y PLANIFICACIÓN

   La orden fue propuesta por el Comité de Políticas Exteriores del GRUPO BILDERBERG, con sede en Suiza. También se les ordenó otras medidas, que se pueden corroborar más fácilmente con la política de despoblación de Haig y la de Henry Kissinger, que es dirigida y administrada por el Departamento de Estado y el Pentágono en todos los países.

   La necesidad para la creación y el despliegue de un virus letal como el HIV/AIDS, está completamente descrita en las decisiones de política de control de población de Estados Unidos, como una opción barata y está incluida en un estudio denominado Memorandum de Estudio 200 de Seguridad Nacional (NSSM National Security Studio Memoradum-200) de 1974, escrito y presentado por Henry Kissinger en la mega-conferencia sobre control de la población, celebrada en Bucarest, Rumania.

   El nombre del Informe de carácter confidencial es “Los límites del crecimiento”, UN INFORME PARA EL CLUB DE ROMA, en el PROYECTO SOBRE LA DIFÍCIL SITUACIÓN DE LA HUMANIDAD. En abril de 1968, el estudio se inició en la Accademia dei Lincei en Roma, Italia. Se reunieron en la investigación del Dr. Aurelio Peccei. Las recomendaciones secretas de los resultados del estudio fueron hechas por el Dr. Aurelio Peccei, que inclusive se comprometió a no utilizar el tratamiento profiláctico y a no tomar la cura, si el microbio se estableciera en él, y si él contrajera la enfermedad por accidente.

   El doctor Peccei fue aclamado como un gran héroe para tomar la decisión de asumir el mismo riesgo que la población en general. Los resultados públicos del estudio fueron publicados en 1972


Un equipo de científicos del MIT , Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT por las iniciales de su nombre en idioma inglés, Massachusetts Institute of Technology) localizada en Cambridge, Massachusetts (Estados Unidos), se vio involucrada en el Proyecto con la Whitaker College of Health Sciences and Technology, para el estudio e Informe ante el Club de Roma:

El equipo de personas del proyecto del MIT, que participó en el estudio es el siguiente:

  • Dr. Dennis L. Meadows, Director Manager, Estados Unidos
  • Dra. Alison A. Anderson, Estados Unidos (experto en contaminación)
  • Dr. Jay M. Anderson, Estados Unidos (experto en contaminación)
  • Ilyas Bayar, Turquía (experto en agricultura)
  • William W. Behrens III, Estados Unidos (experto en recursos)
  • Farhad Hakimzadeh, Irán (experto en población)
  • Dr. Steffen Harbordt, Alemania (experto en política y tendencias socioculturales)
  • Judith Machen, Estados Unidos (experto en administración)
  • Dr. Donella H. Meadows, Estados Unidos (experto en población)
  • Peter Milling, Alemania (capital)
  • Nirmala S. Murthy, India (experto en población)
  • Roger F. Naill, Estados Unidos (experto en recursos)
  • Jorgen Randers, Noruega (experto en población)
  • Stephen Shantzis, Estados Unidos (experto en agricultura)
  • John A. Seeger, Estados Unidos (experto en administración)
  • Marilyn Williams, Estados Unidos (experto en documentación)
  • Dr. Erich Zahn KO, Alemania (experto en agricultura)
   Cuando el estudio se completó en 1969 el Secretario General U. Thant hizo esta declaración:

“No quiero parecer sobre-dramático, pero sólo puedo deducir de la información que está disponible para mí, como Secretario General, que los Miembros de las Naciones Unidas tienen tal vez diez años, en los que subordinar sus antiguas rencillas y lanzar una alianza mundial para detener la carrera armamentística, a fin de aliviar la explosión demográfica, y para proporcionar el impulso necesario a los esfuerzos de desarrollo.
Si tal asociación mundial no se construye dentro de la próxima década, a continuación, mucho me temo que los problemas que he mencionado alcanzarán tales proporciones gigantescas que estarán más allá de nuestra capacidad de controlar.”
U Thant, 1969.

   Fue en base a estas recomendaciones que se tomó la decisión de desarrollar este patógeno y liberarlo en especial sobre las sociedades del Tercer Mundo, donde radican en manera especial las riquezas y los recursos naturales disponibles y tan útiles, para el primer mundo e industria actual .

GRUPOS DE PODER QUE FINANCIARON Y LIDERARON EL PROYECTO


   El Grupo Bilderberg, el Club de Roma, La Comisión Trilateral (TC) y el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), todas instituciones masónicas, están en completo control de la mayor parte del mundo y han declarado la guerra contra las poblaciones en general de todas las naciones libres, que no piensan igual que ellos y que utilizan los recursos que ellos requieren. Tenemos que detenerlos a toda costa, y si ven que sus planes no se cumplen, como ellos desean, son capaces de ejecutar otros planes aún más graves, en contra de nuestra soberanía, libertad y democracia en nuestros pueblos. Ellos no son nuestros dioses para decidir quien vive o quien muere.
   El proyecto secreto se llevó a cabo en la base militar de Fort Detrick en Maryland EE.UU, en el Laboratorio P4 (P4 Laboratory), lugar donde fue desarrollado y perfeccionado. Fort Detrick ha sido el centro de programa de armas biológicas de los Estados Unidos entre 1943 hasta el presente, heredando a la vez toda la base de datos de armas biológicas de la Alemania nazi, creando una oficina para este propósito el Instituto de Enfermedades Infecciosas del Ejército (USAMRIID).

   MK-NAOMI fue desarrollado por la División de Operaciones Especiales (SOD-Special Operation División), con científicos en Ft. Detrick, Maryland bajo la supervisión de la CIA Agencia Central de Inteligencia de EE.UU y el MI6 de Inglaterra. 

   Según los datos confidenciales, en el desarrollo del HIV/AIDS se utilizó biotecnología avanzada, la misma estuvo basada en la ciencia de la biotecnología alemana de investigación de virus etno-específicos, ya desarrollados por la Alemania nazi en 1940. Este estudio se continuó en 1960, dentro de los programas militares de EE.UU, para ello se inició un Programa Federal ultra secreto biológico del Departamento de Defensa (DOD-U.S. Departament of Defense), llamado Virus Especial (SV Special Virus), basado en la iniciativa Diagrama Lógico de Investigación de un Virus Especial (VSRLF-Virus Special Research Logic Flow) en 1970, orientado al desarrollo de virus selectivos, resistentes y de carácter mutacional, dentro del Programa Especial de Cáncer por Virus (SVCP – U.S. Special Virus Cancer Program) del Instituto Nacional del Cáncer (NCI-National Cancer Institute), un programa secreto del DOD y el Pentágono sobre la Investigación del Cáncer (1962-1978), donde inicialmente en este laboratorio se intentaba diseñar una especie de cáncer contagioso, que pudiera eliminar y matar selectivamente al enemigo.

   La eliminación selectiva sería en base a marcadores étnicos genéticos del huésped. El Programa SV de EE.UU., publicó 15 informes anuales para el Departamento de Defensa (DOD), varios de ellos de alto secreto, detallando el progreso de la manipulación de virus animales y su habilidad para infectar huéspedes humanos. Cada informe intermedio detalla el progreso de los científicos del virus especial mientras trabajaban hacia su meta fijada, para crear el nuevo virus. Algunos de los informes aún se encuentran en los archivos del NCI.

   Litton Bionetics Corp, una contratista de armas biológicas para el DOD, también estuvo involucrada en el SVCP junto al NCI para el desarrollo del virus letal, y obtuvo millonarias ganancias desde 1960 hasta finales de 1972.

   En 2001 el Dr. Robert Gallo, genetista y biólogo celular del DOD, reconoció su papel como Oficial de Proyecto Biológico o Project Officer para el Programa de Desarrollo de Virus del Gobierno Federal, dentro del Proyecto SV del SVCP.

   Entre los científicos genetistas-virólogos y expertos en biología celular del Pentágono, líderes del Proyecto estaban los doctores mencionados y responsables del nuevo virus:


  • Dr. Robert Gallo
  • Dr. Duesberg
 El Dr. Robert Charles Gallo nació en Waterbury, Connecticut, el 23 de marzo de 1937, estadounidense, miembro del NCI en Bethesda, Maryland, ganó misteriosa fama al "identificar" el Virus de Inmunodeficiencia Humana (HIV) como agente responsable del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida. Gallo es el Director del Instituto de Virología Humana de la facultad de medicina en la Universidad de Maryland en Baltimore (EE. UU.). Junto a dos colaboradores, Robert R. Redfield y William A. Blattner, fundó este instituto en 1996. También es dueño de la empresa Profectus BioSciences, Inc., de Biotecnología.
   El Dr. Peter H. Duesberg nació el 2 de diciembre de 1936, virólogo, estudió química en las universidades de Würzburg, Basilea y Múnich, doctorándose en Fráncfort en 1963. Experto en virus en el Instituto Max Planck de Tübingen y desde 1973 es profesor en el Departamento de Biología Molecular y Celular de la Universidad de California en Berkeley. Fue premiado por la corporación MERCK. Miembro también del equipo del NCI en Bethesda , Maryland.
   Dentro de esta iniciativa de implementación, se situó finalmente el proyecto MK-NAOMI, para ello debía completarse la primera fase de fabricación en laboratorio del virus Visna, que se detectó por primera vez en ovejas islandesas, que fueron infectadas a propósito como experimentación. Es de aclarar que el virus Visna fue creado inicialmente por la Alemania Nazi y mejorado luego por el SVCP del NCI. Posteriormente se procedería a la fase 2, que consistía precisamente en la fabricación del virus como un bi-producto, una hibridación de dos virus, el virus fabricado Visna ovino y el virus linfotrópico (HTLV I) humano, de esta forma el virus resultante HIV-1, tendrían 90% del ARN del Visna y el restante 10% del HTLV I.

   La documentación publicada y firmada en 1971 dentro del SVCP por el Dr.Gallo, es una prueba ineludible y revela que Estados Unidos estaba buscando una “partícula de virus letal para su guerra”, que podría afectar negativamente a los mecanismos de defensa del sistema inmunológico del ser humano, el programa modifico el genoma del virus de partículas en el que empalmar en una enfermedad debilitante animal del llamado nuevo virus Visna.

   Dentro de los siguientes 5 a 10 años, probablemente se podría hacer un nuevo microorganismo infeccioso, que pudiera diferir en algunos aspectos patógenos importantes de cualquier enfermedad conocida.

   Lo más importante es que podría ser refractario a los procesos inmunológicos y terapéuticos de los cuales dependemos para mantener nuestra libertad relativa de las enfermedades infecciosas.

   El error fatal del Dr. Gallo en 1984, fue figurar él mismo como el supuesto descubridor del virus HIV en una publicación científica, copiando la misma documentación de 1971 aparentemente secreta en ese entonces, acto que podríamos ver como una autoincriminación.

PATENTE INCRIMINATORIA POR LA INVENCION DEL HIV 



   Otro error y observación fue en abril de 1984, el Dr. Robert Gallo presentó una solicitud de patente de los Estados Unidos por su invención, el virus HIV, en ella se especifica que el virus fue creado por ingeniería genética para un programa del DOD del Gobierno Americano. El número de la patente de la invención es 4647773, cuyos detalles se pueden encontrar en el sitio web de EE.UU. Oficina de Patentes.


Ante esta confirmación, EE.UU y sus autoridades ahora tienen la obligación, no solo ética sino moral con toda la humanidad de indemnizar a todas las naciones y sus enfermos, por la inmensa cantidad de millones de seres humanos asesinados y aun contagiados con su mortal patógeno, y las naciones el derecho legal que las asiste para llevar ante ley a los culpables de tan tremendo genocidio global ejecutado y que los mismos sean juzgados ante las leyes internacionales, por los crímenes de lesa humanidad y exigir la inmediata liberación del antídoto o agente inoculante. Actualmente existe una demanda contra el Gobierno Americano y un recurso interpuesto en la Corte Suprema de los EE.UU. caso N º 00 a 9587, por terrorismo biológico y asesinato en masa (Bioterrorismo en masa).


LA MENTIRA DEL SIDA
PROPAGANDO ENFERMEDADES

El Center for Desease Control, o Centro de Control de Enfermedad, más conocido por sus iniciales, CDC, con sede en Atlanta, es una impresionante organización en la que trabajan más de cuatro mil especialistas. Cuenta con epidemiólogos, microbiólogos, físicos, biólogos, químicos, toxicólogos, médicos, agentes de salud pública, farmacéuticos, veterinarios, etc., cuyo campo de acción cubre muchos terrenos, desde la prevención de accidentes de trabajo, riesgos ambientales, la seguridad de los juguetes, problemas derivados de los alimentos, del tabaco... y sobre todo, lo relacionado con la vigilancia y el control de las enfermedades infecciosas, tanto nacionales como internacionales.

EL CENTRO DEL CONTROL DE ENFERMEDADES


   Es precisamente en el campo de la vigilancia y control de las enfermedades infecciosas donde más notoriedad ha alcanzado. Su laboratorio recibe cada año cerca de 200.000 muestras de sangre y órganos contaminados de enfermedades todavía por conocer, procedentes no sólo de EUA sino del mundo entero. Cuenta con enormes bancos de sueros y tejidos que contienen más de 250.000 muestras de enfermedades catalogadas.

   Este organismo nació en la Segunda Guerra Mundial, en 1942, bajo el nombre de Oficina de Control del Paludismo en Zonas de Guerra. Tenía su base en Atlanta, Georgia, donde la malaria, endémica en el Sur de los EUA, constituía una amenaza para los numerosos campos de entrenamiento militares instalados en la región. Su campo de acción se ampliaría a otras enfermedades y así, en 1946, pasa a llamarse Centro de Enfermedades Transmisibles, (CET), dotándosele con una gran infraestructura y medios.

   En el año 1951 se crea, dentro del CET, el Servicio de Inteligencia de Epidemias, EIS, con una fuerza de choque formada por un centenar de jóvenes médicos de primera u otras profesiones relacionadas con la salud o la biología, (veterinarios, farmacéuticos, biólogos,…). Recién graduados en las respectivas facultades, son reclutados y sometidos a una formación intensiva durante dos años, pagada por los CDC, en los diversos departamentos de sanidad locales y estatales. Su misión es convertirse en los ojos y oídos del CDC, una red de inteligencia invisible que observa los menores núcleos de enfermedad y cuando al CDC le parece oportuno, los convierte en emergencias nacionales.

   Los detectives del EIS están disponibles día y noche, dispuestos a acudir a cualquier sitio del país o fuera de él, donde aparezca una nueva epidemia.

   El CDC fue bautizado con su nombre actual en 1980 y jugará un papel crucial en la gestación y mantenimiento del mito del sida infeccioso.

La historia del CDC conoció, junto a éxitos indudables, estrepitosos fracasos. Aquel mismo año, convencidos de que estaba a punto de estallar una epidemia mortal de gripe porcina transmisible al hombre, hicieron vacunar a 50 millones de americanos. Pues bien, no sólo no se presentó la temida epidemia, sino que cientos de personas tuvieron complicaciones por las vacunas en forma de parálisis y otros procesos, lo que dio lugar a un sonoro escándalo político y al cese del director del CDC. El estado tuvo que pagar más de cien millones de dólares en concepto de indemnizaciones.

LOS PRIMEROS CASOS


   Las apremiantes súplicas del doctor Gottlieb, quien se había fijado en cinco casos de neumonía por neumocistis carini en cinco jóvenes homosexuales, en la Clínica Universitaria de Los Angeles, hicieron que el boletín semanal del CDC, (Informe Semanal de Morbilidad y Mortalidad), los publicara. Así, en junio de 1981, bajo el título de “Casos de neumocistosis”, aparecieron 46 líneas dedicadas al tema. Estos casos están considerados como los primeros casos documentados de la historia del sida. En el informe del CDC se decía que cinco jóvenes homosexuales, que no se conocían entre sí, que tenían un grave historial de enfermedades sexualmente transmisibles e inhalaban sustancias tóxicas, (aquí sí se hacían constar esos importantes antecedentes médicos), habían desarrollado una rara enfermedad, que sólo había sido vista anteriormente en casos de personas privadas de defensas inmunitarias, (enfermos gravemente desnutridos, o tras recibir quimioterapia o radioterapia contra el cáncer, ..). Gottlieb precisaba de entrada que este mal era muy grave, puesto que dos de los enfermos habían fallecido.

   En aquella primavera de 1981 se iba a producir en el CDC otra llamada, procedente de la otra punta del país, alertando de la aparición de otra rara enfermedad en jóvenes homosexuales. Se trataba de un jefe de servicio de la Facultad de Medicina de la N. York University, el Dr. Alvin E. Friedman-Klein, el cual alertaba de la aparición de otra enfermedad poco frecuente, el sarcoma de Kaposi. Esa enfermedad no tenía ninguna semejanza con la encontrada en Los Angeles, salvo en una cosa: atacaba también a jóvenes homosexuales cuyo sistema inmune parecía estar fallando. En realidad hoy sabemos que esta especie de proliferación de células endoteliales –las que recubren el interior de los vasos sanguíneos- no necesita de la existencia de ninguna inmunodeficiencia para presentarse, puesto que se ve a menudo en personas cuyo recuento de CD4 es de 700, 900 ó más de 1000. El mismo CDC admitiría años más tarde que el sarcoma de Kaposi, el cual llegó a ser considerado como una de las enfermedades más emblemáticas del sida, podía no ser causado por el virus VIH, de hecho es sabido que existen cuando menos docenas de casos donde el test es negativo.

LOS ASTUTOS EPIDEMIÓLOGOS DEL CDC Y SU MODO DE ACTUAR


   Alertado con estos sucesos, el doctor Jim Curran, director del Departamento de Enfermedades Venéreas del CDC, se pondría a trabajar. En lo primero que piensa Curran, naturalmente, es en la presencia de un virus sexualmente transmisible, como en el caso de la epidemia de hepatitis B.

   En julio de 1981 se reúne al completo todo el estado mayor del CDC para decidir la creación de una fuerza especial de intervención, que será dirigida por el doctor Curran. Había que conocer, para actuar eficazmente, todos los parámetros de la enfermedad que iban a combatir, según los elementales preceptos de la Epidemiología, la ciencia de las epidemias, (que luego, como podremos comprobar, se saltarían a la torera).

   Utilizarían la técnica epidemiológica conocida como “estudio comparativo del caso”, la cual permite comparar un gran número de enfermos con un gran número de sanos, para descubrir las diferencias entre ambos. El instrumento empleado sería un extenso cuestionario de decenas de páginas. Ahora bien, tenían que saber por dónde empezar, para elaborar el cuestionario era preciso saber un mínimo sobre las víctimas de estas enfermedades, hablar con ellas, saber un poco de su modo de vida,… Para ello, una decena de miembros del CDC se desplazaron a los puntos calientes donde estas enfermedades estaban afectando más, Los Angeles, San Francisco, N. York y Miami.

   Visto por encima, la mayoría de las víctimas eran personas que se preocupaban por su alimentación, muchas hacían incluso deporte, la mayoría eran gente acomodada y muy jóvenes. Sorprendió a los enviados de Atlanta el grado de promiscuidad sexual, habían tenido centenares de compañeros y algunos incluso millares.

   Las conversaciones confirmaron que hacían un uso masivo de diversas sustancias tóxicas, especialmente “poppers”. Esos “poppers” – comentaría Harold Jaffe, uno de los detectives enviados por el CDC, que más tarde ocuparía un lugar destacado en el “stablishment” investigador del sida- no solamente dilataban los vasos del pene y de la mucosa anal, sino que además, al disminuir la presión arterial, procuraban una sensación de euforia que prolongaba el orgasmo.

Popper es el nombre genérico que designa a ciertas sustancias químicas generalmente nitritos de alquilo como el nitrito de isopropilo, el 2-propil nitrito y el nitrito de isobutilo, además del nitrito de amilo y el nitrito de butilo— que se administran por inhalación. Se trata de líquidos incoloros y con un fuerte olor característico. El nitrito de amilo y otros alquilnitritos suelen inhalarse con objeto de aumentar el placer sexual. Los poppers empezaron a consumirse en discotecas en los años 1970. En algunos países del mundo la venta de los alquilnitritos está controlada o se considera ilegal.


   Jaffe visitó una de las “baths houses”, locales frecuentados por los homosexuales que se pusieron muy de moda en aquella época, también llamados “hots houses” y se llevó, de muestra, varias ampollas que llevaban las siglas de Burroughs Wellcome, (como todos saben, la misma compañía fabricante años más tarde del AZT), que era el laboratorio que fabricaba el producto. Jaffe se llevó también tres frascos de “Disco Roma”, el más solicitado de los “poppers”.

   Al mismo tiempo, el doctor Curran mandó investigar todas las solicitudes de Pentamidina, uno de los pocos fármacos eficaces contra la neumocistosis, que habían sido hechas desde 1979 a 1981, al Servicio Farmacológico de Enfermedades Parasitarias, que era prácticamente el único lugar que lo proporcionaba en los EE UU, al ser un fármaco de existencias limitadas debido a su escaso uso.

   Hizo que se estudiasen los archivos de Salud Pública de las grandes ciudades para catalogar todos los casos de este tipo de neumonías y de sarcomas identificados en los tres años anteriores. Se entrevistó también con los responsables de los 30 mayores hospitales de los EE UU en conversaciones telefónicas, así como con un gran número de médicos privados para que ninguno de estos casos escapara a su conocimiento.

   En una palabra, toda la maquinaria del CDC se había puesto, de repente, a funcionar.


EL PROTOCOLO 577

   La tarea inmediata del CDC se centraría en la elaboración de unos detallados y extensos cuestionarios que servirían para la realización de la encuesta epidemiológica, con vistas a descartar factores y centrarse en aquellos que más relación parecían tener con la presencia de aquellas enfermedades.

   “Era el cuestionario más detallado, más imaginativo y más audaz que los cerebros de la joven ciencia de la epidemiología habían concebido nunca”, dice Lapierre refiriéndose a las más de 500 preguntas que llenaban nada menos que 23 páginas y que se llamaría en clave “CDC Protocolo 577”.

   Ese cuestionario se elaboró tomando como base la experiencia adquirida durante las encuestas hechas sobre las enfermedades venéreas, las hepatitis A y B y otras enfermedades infecciosas, al cual se incorporaron datos obtenidos de un estudio, realizado cuatro años antes por dos investigadores gays, sobre los comportamientos sexuales y los usos y costumbres de unos quinientos homosexuales norteamericanos.

  
De lo descrito hasta ahora ya deducimos cómo respiraban en el CDC en cuanto al posible origen del asunto y, como vamos a ver, esa predisposición hacia la causa infecciosa iba a influir en la elaboración del cuestionario y lógicamente en la interpretación y conclusiones.

   Vayamos al cuestionario, el famoso “Protocolo 577”, el cual incluía en efecto preguntas de todo tipo, nada parecía escapar a los astutos epidemiólogos del CDC, hasta el mínimo detalle sobre las costumbres de esas personas era registrado. Se preguntaba por los ingresos, ocupaciones, hábitos de consumo, alcohol, tabaco, (cantidad, tipo, marcas), antecedentes familiares, personales, naturaleza de los medicamentos consumidos en los diez últimos años, animales domésticos y causa del fallecimiento de estos, sólo faltaba registrar la marca de calzoncillos que usaban.

   Informados de que su enfermedad actual podía tener que ver con el consumo de estupefacientes, se les pedía informaran del tipo de sustancia, de las fechas y de la forma en que eran usadas, si era inhalada, inyectada o vía oral. Se insistía en el tema de los “poppers”, tan apreciados por los gays por sus virtudes “sexualmente estimulantes”, se indagaba sobre su frecuencia, lugar de uso, marca, origen de fabricación...

   Todo nos obliga a preguntarnos si esa no era una forma descarada de ir predisponiendo y condicionando las respuestas hacia la causa infecciosa venérea. Vamos a saltarnos otros detalles de esa “Operación Protocolo 577” , en la que participaron 50 enfermos, algunos ya en las últimas y alrededor de 200 homosexuales sanos, pero con un comportamiento de gran riesgo. La operación comenzó el 1º de octubre de 1981 y concluyó el 1º de diciembre del mismo año, circunscrita a las ciudades de San Francisco, Los Angeles, N. York y Miami.

LAS BRILLANTES CONCLUSIONES DEL PROTOCOLO 577

   “La cosa que más nos sorprendió de entrada – confesó Harol Jaffe- fue comprobar hasta qué punto los individuos afectados habían sido sexualmente mucho más activos que los individuos sanos. Aunque habían consumido mayor cantidad de “popppers”, esto nos pareció finalmente menos importante que el mayor número de intercambios sexuales, (¿Por qué, si se puede saber?). Muy pronto tuvimos la certeza de que todo abogaba a favor de una epidemia transmisible por vía sexual.” (Como que no necesitaban ni haber hecho la encuesta).

   Parémonos un poco ahora a analizar, siquiera por encima, esta brillante conclusión a la que llegaron los astutos sabuesos médicos-policías del CDC. Tenemos que, según ellos, “la extraña plaga tenía que ser infecciosa o transmisible, por vía sexual, porque según las encuestas, los enfermos habían sido mucho más activos sexualmente que los individuos sanos”.

   Pero que la única diferencia significativa entre los sanos y los enfermos consistiese únicamente en “el mayor número de compañeros sexuales o de relaciones sexuales” a favor de los enfermos, es sencillamente y por pura lógica una auténtica estupidez y para verlo no hace falta ser un astuto epidemiólogo, basta con tener dos dedos de frente. ¿Por qué? Porque si estas personas tenían un número considerablemente mayor de relaciones sexuales y con personas diferentes, por fuerza tenían que tener también, como consecuencia, una mayor índice de enfermedades sexualmente transmisibles, salvo que usaran condón, lo cual no es el caso porque esta recomendación se introduce más tarde. Y si tenían más enfermedades sexualmente transmisibles, también tenían, por fuerza, que hacer un uso considerablemente mayor de antibióticos para tratarlas.

   Tenemos ya dos factores sumamente estresantes de la inmunidad actuando juntos, como son las infecciones venéreas frecuentes y el abuso de antibióticos, pero hay más, ¿De dónde procedía esa líbido desbordada inagotable? ¿Cuál era la fuente de esa gran estimulación sexual? Ya lo hemos dicho, lo vieron también los astutos epidemiólogos del CDC, los “poppers”, un producto que, además de sus propiedades depresoras de la inmunidad, es cancerígeno, por lo que no debería extrañar a nadie la presencia de esta especie de tumor de piel en esos enfermos, así como la presencia de enfermedades que denotaban un colapso del sistema inmune.

   Resumiendo, que no hay más ciego que el que no quiere ver, o que aquel a quien no le interesa ver. Estas personas “trabajaron duramente” durante años, combinando toda una serie de factores debilitantes de la inmunidad, (conocidos unos desde antiguo y otros –caso de los poppers- conocidos después) y como consecuencia desarrollaron inmunodefiencias muy severas.

   Con respecto al uso de antibióticos, al hecho de que los homosexuales activos hayan figurado siempre entre los mayores consumidores de antibióticos, se añade que en esa época se usaron un tipo de antibióticos que en su mayoría han caído en desuso por sus efectos adversos. Tal es el caso del cloranfenicol, prácticamente retirado hoy en día por su capacidad de producir aplasias medulares, (es decir, disminución de todos los tipos de células sanguíneas, glóbulos rojos, plaquetas y globulos blancos), las sulfamidas y el septrim, productores de leucopenias, (disminución de todos los tipos de glóbulos blancos). Antibióticos como las tetraciclinas, otro antibiótico de amplio espectro prácticamente en desuso, eran usados como “preventivos” cada noche antes de ir a las “baths houses”, incluso en esos locales se podían comprar libremente.

  Supongamos que los doctores no supieran de los efectos producidos por el alcohol en el hígado y que de repente empezaran a ver pacientes con el hígado deshecho, imaginemos también que quien ve a estos pacientes es un doctor muy especializado en problemas infecciosos, ya tenemos la escena: "Uy, extraña enfermedad..." "Es preciso hacer un estudio comparativo del caso...". Conclusión del estudio: "Lo único que hemos visto en las personas que desarrollan estos problemas de hígado, es que van mucho por los bares, por consiguiente tiene que tratarse de un problema infeccioso, contraído en esos lugares, posiblemente por los vasos mal lavados. En consecuencia, que pueden beber todos los cubalibres que quieran, pero con pajita”.

MÉTODOS CIENTÍFICOS DE VALIDACIÓN OBJETIVA


   El caso es que las arbitrarias conclusiones del famoso “Protocolo 577”, (de hecho, eran tan absurdas que ni siquiera convencieron en un primer momento ni al mismísimo doctor Gallo, según este comentó en una entrevista a Lapierre), iban a sentar un inquietante precedente, (que se convertiría en una constante en la llamada “ciencia (?) del Sida”), de cómo supuestos “métodos científicos de validación objetiva” sirven precisamente para todo lo contrario, es decir, para dar validez a lo que no la tiene y para quitársela a aquello que la tiene realmente.

   Sería también mediante otro “método científico de validación objetiva”, en este caso un “ensayo clínico controlado”, como se introduciría años más tarde, de contrabando, es decir, como si fuera un fármaco útil y beneficioso, el que en realidad es el fármaco más tóxico que se aprobó jamás para consumo humano a largo plazo, el AZT, fármaco que se sigue administrando en la actualidad, incluso a embarazadas y bebés.

   El “Protocolo 577” fue el primer estudio “objetivo” destinado a ir allanando el terreno para que la inmunodeficiencia adquirida (cuando de hecho su principal causa a nivel mundial sigue siendo una mala condición física por causa de la pésima alimentación) acabara siendo considerada un problema infeccioso, antes incluso del supuesto descubrimiento del virus causal, algo inaudito e incomprensible, pues para poder hablar de problema infeccioso es indispensable tener el agente causante. Pero aquí no fue así, primero se “decretó” que era infeccioso y luego se buscó el agente. Genial.

   Y así, desde aquel momento comenzó una exhaustiva búsqueda de un virus que pudiera ser el causante. Se analizaron y encontraron numerosos candidatos, algunos, como el herpes, el citomegalovirus o el virus de Epstein Barr, presentes en un porcentaje nada despreciable de enfermos. La sífilis incluso era un problema muy extendido, pero ninguno de estos virus o patógenos podía ser considerado por sí sólo responsable del desencadenamiento de la “extraña plaga”.

CONNOTACIONES "MORALES"


   Es por lo cual, a falta de un culpable, los médicos-detectives de Atlanta le inventaron un nombre, GRID, (una denominación un poco “bárbara”, según Lapierre), que quería decir: “Déficit Inmunitario Relacionado con Gays”, nombre que se modificó, ante las lógicas protestas del colectivo gay, hacia la primavera de 1982, sustituyéndolo por el actual de Sida.

   En los medios sanitarios de los EE UU empezó a denominarse a estas patologías que comenzaban a detectarse con el revelador nombre de “The Wrath of God”: “la cólera de Dios”, más digna de integristas religiosos que de profesionales de la salud que dicen practicar una medicina científica, objetiva, que no juzga ni condena moralmente.

   El caso es que un año después de la identificación por el Dr. Gottlieb de los primeros casos de neumocistosis, las víctimas oficiales registradas por el CDC sumaban doscientas dos. La prensa médica líder, como el New Ingland Journal of Medicine, de Boston, y The Lancet, de Londres, empezó a publicar artículos sobre el tema. Pero los grandes centros de investigación biomédica de los EE UU no parecían, en un primer momento, implicarse en el tema, cosa que al final acabarían haciendo, empezando por el Instituto Nacional del Cáncer, NCI, donde trabajaba el doctor Robert Gallo. 

En verdad, todo esto fue dirigido a la comunidad gay como un nuevo HOLOCUENTO... donde las víctimas eran, esta vez los homosexuales. 

De esta manera se obtuvo la "lástima" del mundo, necesaria para poder abrirles la puerta que hoy está ya abierta de par en par y es imposible de cerrar, y por la que se han infiltrado con toda la intención maligna de destruir la sociedad desde dentro de su célula más básica: LA FAMILIA.



LA MENTIRA DEL SIDA
...Y ESCRIBIENDO UN CUENTO

   La gran mayoría de las personas está convencida de la existencia de la “epidemia de sida”, se supone que la “epidemia” surgió en un momento dado en algún sitio (Gallo y cía han sugerido África) y se “propagó” a todo el mundo; por otra parte, vistos los enormes presupuestos destinados a la “investigación del VIH”, se considera que el “virus del sida” es algo muy conocido y estudiado; al mismo tiempo, la importancia concedida por los medios de comunicación, la preocupación de las autoridades de los distintos países, mueven a pensar que estamos ante algo real.

Pero los sucesos acontecidos con motivo de la gripe A, con sus importantes implicaciones, alertan de lo factible que es, hoy en día, crear psicosis mundiales de epidemia sin causa objetiva que las justifique que no sean los intereses económicos. Y después con el ébola, el dengue, el zika y la fiebre marciana... que cualquier bicho que pase volando ya es pandemia.

   Por si el ejemplo de la gripe A no bastara, en este artículo se ofrece una panorámica de los ingentes recursos, económicos y humanos, pero sobre todo propagandísticos, puestos en marcha a principios de la “era del Sida” en los EUA, con la exclusiva finalidad de difundir entre la población la idea del sida infeccioso y mientras todo eso sucedía, en medio de rimbombantes declaraciones de prestigiosos organismos, se pasaban alegremente por alto los aspectos científicos elementales.

   En el período de tiempo que transcurre desde que surgen en EUA los primeros casos que darán origen al nacimiento de la idea del sida infeccioso, hasta que se impone a nivel mundial esa visión, se pueden distinguir dos etapas, la primera, desde los primeros casos hasta la rueda de prensa de Gallo, la segunda, a partir de la rueda de prensa, abarca hasta que la idea del sida se impone a nivel mundial.


El sida hasta la declaración de Gallo (desde los primeros casos a abril del 1984)


   Esa etapa de los comienzos del Sida fue tratada de manera magistral, en una conferencia impartida en julio de 2002 en Barcelona, por el Dr Roberto Giraldo, eminente médico colombiano, especialista en enfermedades infecciosas y que dedicó años al estudió de las inmunodeficiencias. En su conferencia, el Dr Giraldo trazó un recorrido plagado de referencias por los artículos publicados en las principales revistas científicas, así como en las publicaciones de distintas instituciones sanitarias americanas, en el período que va desde que el inmunólogo Mikel Gottlieb ve, en la clínica universitaria de Los Angeles, los cinco famosos casos de neumonía por neumocistis carini, hasta que Gallo anuncia el “descubrimiento” del virus del sida. 

   El Dr Giraldo puso de manifiesto el hecho de que la idea del sida infeccioso se difundió en los EUA ya desde la aparición de los primeros casos, a pesar de que todos los indicios sugerían un origen multifactorial (sobre todo causas tóxicas, es decir, drogas). No había ningún dato objetivo, ninguna investigación, que apuntara hacia una causa infecciosa, para poder hablar de una causa infecciosa es indispensable encontrar un agente infeccioso común en todos los casos de la enfermedad y mientras esto no se haya realizado, es una temeridad sugerir siquiera esa posibilidad.

   De ese modo, en contra de lo que sería una actuación mínimamente prudente y haciendo gala de una grave irresponsabilidad, el CDC de Atlanta, que ya había protagonizado en el pasado numerosos episodios de alarmismo, (uno de los cuales, la epidemia fantasma de gripe porcina del año 1976, que jamás se presentó), difundió la idea de que se trataba “muy probablemente” de un problema de naturaleza transmisible, es decir, infeccioso.

   Cuando años más tarde Robert Gallo declara haber descubierto el virus del sida, (sería a partir de ahí, en todo caso, cuando se podría hablar de problema infeccioso), ya existía una psicosis generalizada de epidemia en la sociedad americana, que había sido fabricada años antes a base golpes de prensa.

   Recordemos que la misma conferencia de prensa, donde Gallo anunció su supuesto descubrimiento, se hizo sin publicaciones previas en los medios científicos además de otras irregularidades de sobra conocidas, entre las que destaca el robo de la muestra del supuesto virus a Montagnier, (de cuyas declaraciones años más tarde se pudo deducir que no hubo aislamiento viral alguno, por lo que no se puede hablar de robo de virus). El “affaire” de quién había descubierto el “virus” ocupó los titulares de los periódicos y encubrió lo que debería haber sido más importante, es decir, ¿Qué era exactamente lo que Montagnier “había descubierto”? ¿Era o no un virus? Y si era un virus, ¿Era la causa del sida? Todo eso pasó a un segundo plano, no tenía importancia, después de todo, la gente ya estaba convencida de que el sida era un problema infeccioso, hacía años ya que el pánico campaba por los hospitales, (en muchos de ellos ni siquiera se admitía a toda cuanta persona pudiera ser sospechosa de sida). Por supuesto, el diagnóstico era realizado “a ojo”, pues el llamado test del sida o de VIH no se puso en marcha hasta el año 1985, es decir después de la declaración de Gallo).

El sida después de la declaración de Robert Gallo


   Es en esos años que siguen a la declaración de Gallo cuando se elaboraron las líneas generales y la estrategia de lo que sería la lucha contra el sida a nivel mundial, algo que es interesante conocer porque esas medidas que se adoptaron en los EE UU en esos años serían copiadas en el resto de los países, entre ellos el nuestro, por absurdas que puedan parecer cuando ahora las analizamos.

   En 1986 la Academia Nacional de Ciencias de los EE UU (NAC) nombró un comité para enfrentarse al problema del sida, presidido por David Baltimore, un destacado e influyente virólogo. Este comité, tras estudiar las “pruebas” de Gallo-Montagnier, llegó a la conclusión de que “la evidencia de que el virus VIH causa el sida es científicamente concluyente”.

   Según el Dr. Peter Duesberg, de cuyo libro "Inventing the AIDS virus" están tomados, prácticamente al pie de la letra, la mayor parte de los contenidos de este trabajo, la Academia convertía la hipótesis de Gallo en un dogma de fe, siendo la primera vez en su historia que la Academia llegaba a una conclusión tomando como base una creencia, pues Gallo no tenía pruebas, ni él las proporcionó, ni ningún otro lo hizo.

   Lo que el comité de la NAC hizo, según Duesberg, fue seleccionar los artículos de Gallo para llegar a sus conclusiones, pero desgraciadamente para el Comité, en una investigación de tres años se demostró que los artículos de Gallo habían sido fabricados sencillamente en cuanto a las cifras de sus correlaciones. El otro argumento clave esgrimido por el comité fue que “el sida debía ser infeccioso porque algunos de los receptores de transfusiones habían desarrollado enfermedades como neumonía”. Pero de nuevo se trataba de estudios sin ningún tipo de control, nunca realizaron un estudio en el que cien hemofílicos con anticuerpos fueran comparados con otros cien sin ellos, para ver la incidencia de enfermedades en los dos grupos, la cual parece ser similar. Tampoco se hizo ningún estudio que comparara cien usuarios de drogas intravenosas seropositivos con otros cien seronegativos, o cien hijos de madres toxicómanas seropositivos con otros cien seronegativos. Todo parece indicar, según Duesberg, que la incidencia de enfermedades incluidas en la definición de sida es similar en seropositivos y seronegativos en cada llamado “grupo de riesgo”.

   Con estos supuestos, el comité de la NAC, constituído por ventitrés prestigiosos científicos, diseñó un ambicioso programa con fondos crecientes y supervisión central, con el fin de crear un amplio consenso en los EE UU, unificando los esfuerzos de los científicos y la sociedad entera en la guerra del sida. El programa era más ambicioso aún que el de la guerra de la polio o incluso que el de la lucha contra el cáncer y permitiría la adopción de medidas extraordinarias que habitualmente pueden encontrar resistencia por parte de la población.

 El estamento investigador se incrementaría con fondos sin precedentes, oficiales de salud podrían adoptar medidas de emergencia, se implicaría en la guerra del sida a las agencias de las Naciones Unidas y a los gobiernos extranjeros.

   El Instituto de Medicina y la Academia Nacional de Ingeniería patrocinarían el proyecto y los fondos para llevarlo a cabo procederían de importantes fuentes, como la Carnegie Corporation of New York, la Jhon D. y Catherine T. MacArthur Foundation, la Andrew W. Mellon Foundation y la Fundación Rockefeller. 

   Varios miembros de Servicio de Inteligencia de Epidemias del CDC, como David Fraser o Thomas Grayston, que pasó a presidir el Grupo de Trabajo de Epidemiología, así como otros importantes miembros del CDC participaron en esta comisión. Burroughs Wellcome, (ahora Glaxo-Wellcome-Smith-Klein), fabricante del AZT, así como Hoffman-La Roche, fabricante del Ddi, enviaron cada una un representante.

   El comité pretendía la movilización de la nación entera en esta guerra. Según las instrucciones de la NAC, el comité evaluaría métodos de control y lucha contra el sida, redactaría un documento delineando las estrategias, instaría al Congreso para la adopción de medidas, haría recomendaciones a la comunidad científica, a los médicos, a los organismos estatales y locales, a las corporaciones privadas y al público. Naturalmente, todo aquel que no cooperara con los objetivos del comité sería tachado de “contraproducente”, cuando no de “irresponsable” o de “peligroso”.



BAYER VENDIÓ MEDICAMENTOS CON EL VIRUS DEL SIDA

Confronting AIDS, la Biblia del estamento del Sida


   En agosto de 1986 el Comité publicó, bajo el título de “Confronting AIDS”, un libro cuyas recomendaciones serían adoptadas universalmente como un anteproyecto de la guerra del Sida a nivel mundial. Este libro hacía recomendaciones en cuatro áreas: amplio programa de investigación, financiamiento público, medidas de salud pública y esfuerzos paralelos en el extranjero.

   En el terreno de la investigación científica el Comité alardeaba del “descubrimiento del VIH” y su “indudable identificación como la causa del Sida” como un supuesto triunfo y un ejemplo de investigación bien fundamentada.

   Aquellos científicos que estaban esperando alguna evidencia científica de la “indudable indentificación” del VIH como causa del Sida, recibirían como respuesta la afirmación “ex catedra” aparecida en la edición de 1988 de Confronting AIDS: "El comité cree que la evidencia de que el VIH causa el Sida es científicamente concluyente”. El Comité no tenía nada más que ofrecer que su creencia en Gallo, Montagnier y otros “descubridores del VIH”. Es decir, un "asunto de fe".

   Fue basándose en esta suposición que se delinearon las futuras necesidades de la investigación: se estudiaría la estructura genética del VIH por parte de los biólogos moleculares, (al no haber sido aislado el virus correctamente, eso quiere decir que se estudiaría lo que Gallo-Montagnier entendían como “virus VIH”), los bioquímicos analizarían las funciones de las “proteínas virales”, (es decir, lo que Gallo-Montagnier entendían por tales), los virólogos examinarían cada detalle del proceso infeccioso, se desarrollarían más tests para el VIH, se investigaría con animales, etc. Vastas sumas de dinero serían empleadas para hacer seguimientos de las personas “infectadas”, los farmacólogos se ocuparían de desarrollar una serie de drogas para destruir el virus, (el Comité sugería ya específicamente el AZT, Ddi, Ddc, entre otras) y, por supuesto, tendrían que inventarse vacunas contra el virus.

   Todo el programa estaba encarrilado en una dirección: el VIH. Ningún dinero iba destinado a la investigación de otras posibles hipótesis y si bien el Comité elaboró una lista de “posibles co-factores” que podrían contribuir al Sida, sobre todo agentes infecciosos como los citomegalovirus u otros microbios, lo cierto es que apenas se concedía importancia a otros factores como la desnutrición, vieja causa conocida asociada a la inmunodeficiencia adquirida, (como que es la primera causa objetiva a nivel mundial a la hora de provocar muertes por inmunodeficiencia), ni mención siquiera al abuso de drogas.


  Siguiendo a Duesberg prácticamente al pie de la letra, este documento no consiguió aclarar las dudas de una serie de investigadores que, después de la conferencia de Gallo, habían puesto en duda, en privado, la hipótesis viral.

   El documento, según refiere Duesberg, también sugería que los fármacos que se estaban probando para el tratamiento del sida no iban a precisar de los controles habituales apropiados, sobre todo grupos “placebo”, una recomendación que se utilizaría más tarde para la aprobación del DdI, el Ddc y, con toda seguridad, los que vinieron después. Esto, traducido al lenguaje llano quiere decir que esos fármacos tóxicos, (todos ellos eran fármacos de quimioterapia del cáncer), no iban a precisar de unos estudios mínimos que demostraran si eran mejores que no tomar nada. Si no eran precisos esos estudios, conclusión, ¿Con quienes se experimentaría? Con los enfermos, al fin y al cabo, como ya se había anunciado que el sida era un mal “incurable”... Por supuesto, las muertes provocadas en años sucesivos por estos fármacos, sobre todo por el AZT, solo o asociado con el Septrim o Bactrim, serían cargadas a la cuenta del virus.

   Más tarde, el Comité haría un llamamiento para incrementar a un billón de dólares el presupuesto federal para la “investigación del sida”. Gran parte de ese dinero, como se recomendaba, fue utilizado para atraer a gran número de científicos hacia la “causa del VIH”.

   En cuanto al financiamiento público, el Comité calculó los costes del cuidado médico para cada paciente, decidiendo que estos costes fueran en el futuro financiados con fondos públicos. Para ello el Comité se dirigía a la población, la cual “tenía la obligación ética de asegurar que todas las personas recibieran cuidados médicos adecuados”.

   Por “cuidados adecuados” se entendía, puesto que la infección por VIH se consideraba fatal y sin tratamiento, el proporcionar drogas tóxicas como el AZT o simplemente confortar a los enfermos hasta la muerte.

   En el apartado de medidas de salud pública, cualquier acción destinada a detener el virus estaba justificada, incluso si causaba pánico en la población, o si estimulaba el uso de drogas ilegales o afectaba a las libertades y derechos civiles. El Comité hacía hincapié en los programas de educación y en la difusión de la práctica del test y como ejemplo de lo que entendía por “educación”, la recomendación del uso de condones y de jeringas estériles para la administración de drogas.

   Dado que las embarazadas podían “transmitir el VIH”, el Comité aconsejaba a las mujeres con riesgo de infección por VIH que consideraran aplazar el embarazo, también se recomendaban tests de VIH disponibles con facilidad para toda la población, eso sí, sobre una “base voluntaria”.

   Medidas más radicales podrían ser adoptadas por el Comité. Donald Francies, un destacado oficial del CDC, en un discurso ante sus colegas, proponía cinco pasos para incrementar la autoridad del CDC, estos incluían:

  • Dotar al CDC de un “status especial” que lo volviera inmune al control de los electores con una legislación especial que lo protegiera de cualquier control político.
  • Garantizar los necesarios cuidados de salud a los “infectados”, como un medio de tenerlos identificados y controlados.
  • Tolerar el uso de droga, como un modo de prevenir el intercambio de jeringas usadas. Se incluía la prescripción de metadona o heroína como un modo de eliminar las actividades peligrosas que rodean a las drogas. Francis llamó incluso a esto “inyección sana”. Pero, se pregunta Duesberg, "¿Qué pasa si la heroína por sí misma causa sida?". Pues que en ese caso, los contribuyentes estarían financiando la muerte de los adictos, (por si no lo hicieran ya al financiar su intoxicación masiva con los costosos y tóxicos fármacos).
  • Mayor intervención federal a la hora de producir vacunas.
  • Centralizar lo relativo al sida en una autoridad, en una palabra, aumentar la autoridad y el poder de control del CDC. El organismo llevaría un registro central con las identidades de los “infectados”, obtenida por medio de cualquier fuente imaginable, desde los hospitales, clínicas de enfermedades venéreas, consultas de médicos, incluso cárceles. Se registrarían también todos los contactos sexuales de los “infectados”, tarea nada fácil si tenemos en cuenta que algunos de los homosexuales decían haber tenido cientos o miles.
  Pasando por encima de cualquier autoridad local el CDC abogaba por incrementar los programas educativos en las escuelas, eliminando cualquier resistencia por parte de los padres.

   En cuanto a los esfuerzos paralelos en el extranjero, el Comité, a través de su publicación Confronting AIDS, recomendaba extender estos esfuerzos a las otras naciones, lo que implicaba la colaboración en la investigación con científicos extranjeros, así como la puesta en marcha de programas de salud, distribución de condones incluida, en esos países. Se recomendaba incrementar la ayuda a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la puesta en marcha de medidas de salud pública. Ese mismo año la OMS publicó un libro que diseñaba el plan de acción contra la epidemia, el cual incluía cuarentenas, inmunizaciones masivas, restricciones a los viajeros, etc.

   El Comité propuso también la creación de una comisión presidencial para supervisar la lucha contra el sida, la cual desde 1989 ha sido patrocinada por el Congreso y la Presidencia, repitiendo las mismas consignas de Confronting AIDS.

   Todas estas recomendaciones serían llevadas a la práctica con verdadero entusiasmo, según Duesberg, con un auténtico espíritu de situación de guerra y, claro, una guerra pide acción y no reflexión sosegada.

   Al mismo tiempo y para prevenir cualquier discrepancia con estos planes, el stablishment se preocupó desde el primer momento de prevenir cualquier oposición, toda la nación sería llamada a participar, los que no se unieran serían tildados como “apáticos” y los que hicieran demasiadas preguntas sobre la hipótesis del virus serían etiquetados como “negativos” o cosas peores.

   El Instituto Nacional de la Salud (INH), suministraría también billones de dólares a la investigación del VIH, con lo que muchos científicos tuvieron fácil acceso a subvenciones, mientras que otros muchos aprenderían que no era nada conveniente plantear preguntas si querían acceder a ellas. La consecuencia de esto es que la inmensa mayoría de los científicos se alistaron, sin mayor vacilación, bajo la bandera del VIH.

   El CDC se destacó como la principal agencia gubernamental de salud primera línea contra la epidemia, difundiendo las “medidas de prevención” entre la población, pensando más como activistas, (más bien agitadores, hay que decir), que como investigadores. Lo esencial de su labor era, en palabras de un oficial del CDC,"persuadir a la población para que viera el sida como un problema infeccioso".

Creación y financiación de grupos y asociaciones por el CDC


   Pero había un problema que limitaba la influencia del CDC en la opinión pública y es que estos mensajes estaban asociados siempre a las siglas del CDC, por lo que este organismo decidió aumentar su influencia en el público de modo indirecto, es decir, por medio de otras organizaciones. Es así como se destinaron diez millones de dólares a los gobiernos de los estados para ser distribuidos en las nuevas sedes locales creadas para el control del VIH.

   El dinero iba acompañado de las correspondientes instrucciones según las directrices del CDC.

   El CDC, reconociendo la influencia de ciertas organizaciones de base y asociaciones privadas en sus respectivos ámbitos, estableció vínculos con ellas solapadamente a través de subvenciones. Comenzó con la importante USCM, la cual se vió beneficiada con fondos crecientes que servirían para ayudar a grupos ya existentes contra el sida o para la creación de otros nuevos. Según Duesberg, a principios de los 90, unos 300 grupos habían sido creados, directa o indirectamente, por el CDC. Apretar el botón en la sede local del CDC en Atlanta o Georgia suponía la actuación al unísono de toda una amplia gama de asociaciones privadas y de grupos de “activistas” del sida. A cualquiera le daría la impresión de ser algo completamente espontáneo. La mayoría de estos grupos de activistas contra el sida eran grupos de homosexuales, a través de los cuales el CDC llegó a influir por completo en la comunidad homosexual norteamericana.

   Mientras financiaba la creación de estos grupos de activistas, el CDC dirigió su dinero e influencia a otros grupos cívicos con influencia en otros sectores de la sociedad. Decenas de millones de dólares se destinaron a la Cruz Roja Americana, dentro de un acuerdo de cooperación que dió al CDC un inmenso control sobre esta institución. A su vez, la rama americana de la Cruz Roja presionaría a la Cruz Roja Internacional y a la Media Luna Roja, con el fin de difundir la doctrina del VIH/Sida en todo el mundo.

   La influencia del CDC se extendió, a golpe de talonario, a un sinfín de asociaciones, desde asociaciones de maestros, empleados municipales, asociaciones en defensa de las minorías,..hasta grupos religiosos.

   También formó una asociación con la Asocación Americana de Personas con Sida, grupo que patrocinaría una reunión anual de todo tipo de grupos de activistas del sida.

El papel de ciertas compañías farmacéuticas

   Otra fuente muy importante de fondos para la guerra del Sida fue Burroughs Wellcome, la compañía fabricante del AZT, la cual se sumó a estos esfuerzos en 1987, una vez que esta droga fue aprobada para su empleo en los enfermos de sida y como un modo de proteger sus intereses. La compañía Wellcome ha suministrado dinero a la mayoría de las organizaciones y grupos de los EE UU relacionados con el sida, unas dieciséis mil según Duesberg, desde las asociaciones que sostienen la investigación hasta los grupos más radicales, con fama de feroz independencia, como el grupo ACT UP. Muchas de ellas, con fama de radicales, fueron calmando sus críticas a medida que el dinero empezaba a llegarles.

En el momento en que vi el logotipo pensé que alguno de los "teóricos de la conspiración" habían hecho un montaje colocando el ojo de Horus... PERO LA REALIDAD SIEMPRE SUPERA TODO: Este es realmente el logo oficial de la fundación de aquel primer laboratorio (y que en la actualidad es parte de Glaxo), que sería el primero en fabricar el AZT. Pueden verificar en su site oficial.

   En el lugar más destacado del stablishment del sida se situaba la American Foundation for AIDS Research (AmFAR) o Fundación Americana par la Investigación del Sida. Fundada en 1985 por Michael Gottlieb, el médico que describió los primeros cinco casos de sida y Mathilde Krim, una investigadora que participó en la guera del cáncer y que ahora desempeñaba, como otros muchos cientificos de aquella guerra, un papael destacado en la guerra del sida. La AmFAR alcanzó notoriedad gracias a sus conexiones con Hollywood, sirva de ejemplo el caso de Elisabeth Taylor y Bárbara Streisand, las cuales sirvieron de reclamo a la hora de difundir el mensaje del sida y de organizar campañas de recogida de fondos. Burroughs Wellcome contribuyó con la suma de un millón de dólares en 1992, así como contribuyó con grandes donaciones la Fundación Bristol-Myers- Squibb, ligada a la compañía farmacéutica del mismo nombre y fabricante del Ddi (Videx).

El papel de ciertos grupos de activistas homosexuales


   Dentro de los grupos más radicales del activismo del sida en los EE UU se encontraba Project Inform de San Francisco y el ya citado antes y muy conocido, ACT UP. Project Inform fue fundado por el activista Martin Delaney, quien empezó criticando el uso del AZT en el sida. Martin Delaney había escrito un libro, “Estrategias para la supervivencia”, en colaboración con otro autor, donde advertía a los hombres gays de los desastrosos efectos de los “poppers”, así como de la cocaína, heroína y anfetaminas, (de elevado consumo en aquella época), recalcando los efectos inmunodepresores de estas drogas. La donación de 150.000 dólares por parte de la compañía Wellcome y otros 200.000 por parte de Bristol-Myers-Squibb, cambió radicalmente el modo de pensar de Delaney, al extremo de convertirse en un feroz crítico de la postura de Duesberg en periódicos y revistas.

   Otro tanto aconteció con Larry Kramer, conocido activista de los derechos de los homosexuales americanos, el cual pasó de tener una postura muy crítica con el estamento oficial del sida, (en un principio ni siquiera reconocía la existencia del sida), a difundir las consignas del CDC en cuanto a prevención y tratamiento, AZT incluído. Kramer había fundado en 1982 el Gay Men´s Health Crisis, GMHC, pues bien, un ex-director ejecutivo de este grupo reconoció al escritor John Lauritsen que el grupo había recibido fondos de la compañía Wellcome, si bien evitó decir la cantidad. 

   Kramer fundaría otro grupo más radical en 1987, ACT UP, grupo que se encargaría de presionar a la FDA, el organismo encargado de la aprobación de drogas y alimentos en los EE UU, para que se aprobaran más fármacos contra el sida. La compañía Wellcome desarrolló estrechas relaciones con el grupo, el cual fue promocionado para asistir asiduamente a las conferencias internacionales sobre el sida, (esas macroconferencias, auténticos festivales de las empresas farmacéuticas, que se vienen celebrando cada dos años). En la Novena Conferencia Internacional, celebrada en Berlín en 1993, unos 300 miembros de ACT UP viajaron y se alojaron en hoteles con piscina, con los gastos cubiertos por la compañía Wellcome, así mismo un representante de ACT UP de Londres reconocíó que su grupo había recibido 50.000 libras de la firma.

 La Novena Conferencia de Berlín fue pródiga en cuanto amenazas e intimidaciones que llegaron a la agresión física, protagonizadas por miembros de ACT UP, el propio servicio de orden de la conferencia y el mismo Martin Delaney, contra un pequeño grupo de disidentes, periodistas y participantes críticos. El propio Robert Gallo sorprendió a propios y extraños cuando, para hacer frente a las incómodas preguntas de los periodistas echó mano nada menos que de sus guardaespaldas. “¿Desde cuándo un científico acude a los congresos rodeado de guardaespaldas?”, se preguntaría más tarde Joan Shenton, directora de Meditel, una productora independiente de televisión que ha ganado importantes premios por sus trabajos sobre el sida en el Reino Unido.

Los medios de comunicación


   Los medios de comunicación han sido desde el principio otro de los grandes objetivos del CDC en la guerra del sida. Para hacerse con su control el CDC fundó grupos como la National Association of Broadcasters, la principal asociación dentro de los profesionales de la radio y TV de los EUA, con unas 6000 emisoras de radio y televisión. Muchos políticos y periodistas, cuando no consultan sobre el sida al CDC lo hacen a estas asociaciones, pensando ingenuamente son independientes.

 Mediante estos métodos irregulares, el CDC se ha asegurado unos medios de comunicación dóciles y sin capacidad crítica, lo que le ha servido para promover el miedo al sida entre la población. 

   De este modo, al CDC le fue factible ir alargando periódicamente el supuesto “período de latencia” del virus, (tiempo que está sin producir la enfermedad), desde 10 meses al principio, dos años después, luego 5 años, luego 10 y finalmente 20 ó 30 años. 

   Del mismo modo, el CDC ha conseguido crear la ilusión del aumento de casos de sida mediante el procedimiento de redefinir periódicamente el sida, es decir, incluyendo periódicamente nuevas enfermedades dentro de la definición de sida, de esa forma, al ir ampliando la definición de sida con la inclusión de nuevas enfermedades, aumentan automáticamente los casos de sida. En circunstancias normales, unos medios de comunicación mínimamente críticos habrían hecho preguntas.

   La censura directa, tanto en los medios de comunicación como en las publicaciones científicas, es otro de los aspectos analizados ampliamente por Duesberg en Inventing the AIDS virus, un libro que debiera ser de obligada consulta para todo aquel, profano o académico, que quiera documentarse un mínimo en el tema del sida.

   Cada vez que en estos últimos 15-20 años ha surgido algún dato o cuestión que ponía en duda la visión oficial del virus del sida, el stablishment del sida ha desplegado todo tipo de medios para ahogar el debate científico, de ahí que sea tremendamente difícil que versiones científicas críticas sobre el sida lleguen al público. A pesar de todo, como ha sido reconocido por los propios expertos oficiales, la llamada disidencia del sida no deja de crecer.

   El mismo fenómeno de “institucionalización del VIH” que se dio en los EE UU (donde sólo falta el “Ministerio para el VIH”), se reprodujo fielmente en el resto de los países: comisiones nacionales, fundaciones privadas, grupos antisida subvencionados tanto con fondos públicos como privados,…La guerra contra el sida ha creado una multitud de semi-funcionarillos que, bajo la apariencia de activismo espontáneo y defensa de los derechos de los “infectados”, repiten las consignas oficiales y actúan de acuerdo a los intereses de las farmacéuticas y no de los colectivos que dicen defender. Un ejemplo de los extremos hasta dónde llega ese activismo lo refirió Michael Callen, un superviviente de sida de 12 años, que se esforzó por infundir esperanza a los enfermos de sida, encontrándose con la inesperada oposición de estos activistas a su mensaje de esperanza. La razón aducida era que, si se decía que el sida no era fatal, dificultaría la consecución de más fondos gubernamentales para luchar contra el sida. Al mismo tiempo se puede argumentar que la falaz afirmación de que el sida es fatal, facilita el empleo de unos caros y tóxicos fármacos que de otro modo nadie tomaría.

   Otro ejemplo de manipulación del miedo de la población ocurrió en 1993, cuando un importante artículo científico concluyó que el sida no se estaba expandiendo en la población general y permanecía confinado, en su mayoría, en los mismos grupos de riesgo que al principio. A pesar de que era una evidencia que los propios oficiales del CDC no podían negar, David Rogers, vicepresidente de la Comisión Nacional del Sida, denunció el artículo porque, (textualmente), “inducía a los norteamericanos a no tener miedo”. Pero lo cierto es que, según se desprende de los propios datos oficiales y a pesar de los mensajes que hablan de la expansión de la epidemia entre los heterosexuales, el sida ha permanecido confinado, al menos en sus tres cuartas partes, en los mismos grupos de riesgo que al principio de la llamada epidemia. El mismo Lluc Montagnier admitió abiertamente hace unos años, en unas declaraciones hechas al periodista francés Djamel Tahi contenidas en el video “Sida, la duda”, que “no ha habido una cadena de transmisión que se haya establecido. Luego no hay transmisión heterosexual importante y pienso que no la habrá” y en el mismo sentido se pronunció en el verano de 2008 el director de ONU SIDA.


   Desde hace más 25 años, todo dato, observación o estudio científico que no encaja con el dogma oficial del sida infeccioso es hábilmente silenciado, tergiversado o censurado rápidamente, con la excusa de ser un mensaje “peligroso para la población”. Así sucedió cuando empezaron a aparecer casos de sarcoma de Kaposi seronegativos o cuando empezaron a surgir evidencias de “sida sin VIH”, así como otros importantes eventos, como el juicio de Gottingen, que echan por tierra la visión oficial del sida. Una de las mejores estrategias del stablishment del sida, vista su incapacidad para defenderse con argumentos en debates libres y abiertos, es, además de la censura y las presiones bajo cuerda, el silencio.

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