sábado, 4 de junio de 2016

Implantación del “microchip” como un proceso social

El gran problema para que algunas personas entiendan de una vez por todas que esto está sucediendo realmente, consiste en que cuando leen este tipo de advertencias en los medios alternativos, esperan que la amenaza se materialice al día siguiente a las 8 de la mañana.

Es uno de los grandes problemas de la sociedad actual. Por culpa de la inmediatez y la frecuencia con la que recibimos grandes dosis de información, la mayoría de personas han perdido la capacidad de tener una correcta perspectiva temporal de los acontecimientos.

Y es que el proceso de implantación del microchip, llevará unos años y noticias como las que hemos leído, son tanteos que se hacen a la población, para que empiece poco a poco a asimilar el concepto.

En estos momentos, hay varios procesos que se están desarrollando en paralelo para que este proyecto de control enfermizo global se acabe convirtiendo en una realidad:
1. Condicionamiento Mental y Social
2. Eliminación del Dinero Físico
3. Crisis de Seguridad: Emergencia Sanitaria y Terrorismo
4. Evolución Tecnológica
Así pues, hablemos de estos conceptos por separado…
1. Condicionamiento Mental y Social

El paso previo para la implantación global de un chip de control en todos los ciudadanos, ha sido la proliferación de los teléfonos móviles y de las redes sociales. Mediante la generalización de estas 2 herramientas, la mente de la población ha sido moldeada para que acepte la idea de ser controlada las 24 horas del día y eliminar de sus vidas el concepto de intimidad, ofreciendo gratuitamente a ojos de los demás, hasta el detalle más insignificante de su existencia, desde la cara que hace cuando se levanta de la cama, hasta el dichoso postre que se toma en el restaurante cuando sale a comer.

Los jóvenes de hoy en día, dicho sea de paso, la peor generación de la historia de la humanidad, ya han nacido y crecido en una sociedad donde mostrar públicamente todo lo que estás haciendo a cualquiera que pueda o quiera verlo, representa la nueva normalidad.

Estamos ante una generación, que podríamos calificar como de-generación, que prostituye su intimidad a cambio de algo tan nimio, abstracto y vacío como un “like” en las redes sociales. Sus mentes de esclavo debidamente moldeadas, son el paso previo indispensable para que acepten la implantación de un microchip de seguimiento e identificación, a cambio de poder acceder fácilmente a un local de moda o pagar fácilmente algún veneno edulcorado en Starbucks.
2. Eliminación del Dinero Físico

Y es que paralelamente a la aceptación del concepto de control y vigilancia masivos, está evolucionando la idea de eliminar el dinero en efectivo y convertirlo en dinero electrónico.

Para ello, no solo se instrumentaliza la idea de “comodidad y rapidez” (pagar el frapuccino del Starbucks), sino que convenientemente, la idea del dinero electrónico se combina con una supuesta lucha contra la corrupción y la evasión de impuestos de los más poderosos, un tema que está siendo aireado a todas horas, como vemos en el célebre caso de los “Papeles de Panamá”.

Mediante esta lucha contra esos “grandes corruptos multimillonarios malvados”, se empujará a la población más humilde a que pida un mayor control de sus actividades mediante la implantación del dinero electrónico, todo ello en medio de una crisis económica que afecta gravemente a los servicios públicos de los estados y que pronto redundará en una caída de las pensiones y las ayudas a los más necesitados.

La población, inmersa en una oleada de justificada indignación, pedirá fervientemente que se controle esa evasión fiscal y que se impulse la implantación del dinero electrónico, “para que nadie evite cumplir con sus obligaciones” y lo harán sin darse cuenta que en realidad, esas medidas de control han sido diseñadas para controlarles a ellos y sin percatarse que los grandes evasores no son más que un pretexto para que los pobres pidan la implantación de los grilletes que estrangularán su futuro.

Lo más triste es que quien advierta del peligro de la implantación del dinero electrónico y de lo que realmente representa, será rápidamente tildado de favorecer la evasión de impuestos de los más ricos y se le calificará de “defensor de las élites”.
3. Crisis de Seguridad

Combinado con estos procesos, tenemos la posibilidad de que tarde o temprano se produzca algún tipo de crisis sanitaria global.

El concepto de una gran pandemia que necesite de un monitoreo estricto de toda la población, ya flota en el aire desde hace años, pues de forma sospechosa y cada vez más regular, estamos viendo la aparición de epidemias amenazadoras en pleno siglo XXI, como la Gripe A, el Ébola, el Zika y un largo etcétera de otras enfermedades menores que periódicamente saltan a la palestra como posibles amenazas globales.

La proliferación de historias de zombies afectados por terribles pandemias en cine y televisión estos últimos años, también sirven para asentar inconscientemente este concepto como una posibilidad factible entre la población.

Añadido a ello tenemos el creciente peligro del terrorismo global, una excusa perfecta para impulsar cualquier tipo de tecnología de vigilancia masiva, bajo el pretexto de garantizar la seguridad de la población y la persecución de los “malvados terroristas”.

Para que el miedo al terrorismo acabe calando realmente entre la población y se traduzca finalmente en una petición desesperada de control por parte de la gente hacia las autoridades, hace falta combinar un estado constante de desasosiego social (lo que estamos empezando a vivir ahora con el terrorismo yihadista), con algún posible gran impacto emocional, al estilo de los atentados del 11-s, que conmocione a la población global y la impulse a aceptar o incluso pedir estas medidas de seguridad y la pérdida de sus libertades como “mal menor”.

En el caso de nuestro país y otros de América Latina, el papel de la inseguridad está a cargo de los cárteles de la droga y grupos paramilitares ligados a este mismo rubro.
4. La Evolución tecnológica

Así pues, una vez conseguido el condicionamiento social de la población, llegará un momento en que el condicionamiento social, la implantación del dinero electrónico y la crisis de seguridad convergirán en un mismo punto que llevará de forma “natural” a la implantación masiva del microchip y ello se producirá cuando la tecnología necesaria para implantarlo haya evolucionado lo suficiente para que sea extremadamente cómoda, barata y fácil de aplicar, sin apenas coste social.

Y es que será la propia evolución de la tecnología en nuestro día a día la que marcará la llegada de ese momento, en que oficialmente, nos convertiremos en esclavos tecnológicos vigilados y controlados las 24 horas del día.

La sustitución de los teléfonos móviles por wereables cada vez más pequeños, acabará culminando finalmente en la muerte de los móviles y en la creación de dispositivos minúsculos, mucho más pequeños que esos microchips RFID del tamaño de un grano de arroz, que pronto nos parecerán tan anticuados como los primeros celulares del tamaño de un ladrillo.
Los RFID

Los RFID, Radio Frequency IDentification, en español identificación por radiofrecuencia, minúsculos dispositivos los llevaremos implantados debajo de la piel de forma imperceptible e indolora (sin necesidad de ninguna de esas terroríficas agujas) y nuestro propio cuerpo y nuestra propia percepción, serán utilizados como interfaz para relacionarnos con ellos, en un entorno de realidad aumentada que primero percibiremos de forma externa, quizás mediante minúsculas lentillas, y que poco después incorporaremos a nuestra propia percepción del mundo real, en el interior de nuestros propios cerebros.

Al principio, a nadie se le obligará a aceptar la implantación de ninguna de estas tecnologías en su propio cuerpo, al menos en las primeras fases de su implantación paulatina.

El instrumento utilizado para condicionar a los que se nieguen a llevar un chip de control o una conexión cerebral a internet, será la presión social, que calificará de “retrasados”, “obsoletos”, “retrógrados”, “paletos” y hasta de “locos paranoicos”, a todos aquellos que se nieguen a convertirse en “ciborgs” o “no-conectados”.

Prácticamente a quien se niegue a “conectarse” se le considerará un Amish que quiere vivir en el medioevo.

Esa presión social se irá combinando con la incomodidad creciente de los no-conectados a la hora de incorporarse a una sociedad cada vez más tecnificada y virtual, lo que redundará a su vez en su aislamiento social y en su clasificación paulatina como “elementos sospechosos, radicales, o peligros potenciales para la seguridad”.

Y en última instancia, si la presión social no fuera suficiente, la autoridad siempre tendrá un as en la manga: utilizar cualquier crisis, sea sanitaria o terrorista, para impulsar una implantación obligatoria de estos dispositivos en todos los ciudadanos.

Pero todo esto que estamos advirtiendo, no sucederá mañana. Ni la semana que viene, ni dentro de un año.

Se trata de un proceso paulatino, que durará varios años y que se apoya principalmente en el impulso de las generaciones más jóvenes, criadas desde su nacimiento para ser los esclavos sacrificables del futuro.

Todo este proceso coincidirá temporalmente con una enorme transformación a escala global, a nivel social, económico y político, que llevará a la demolición del sistema actual y a la construcción de un nuevo paradigma.

Los líderes políticos que liderarán las diferentes fases de este complejo (y en algunos momentos tumultuoso) proceso, ya están ocupando sus posiciones y las pequeñas y grandes crisis de toda índole que llevarán a culminar esta transformación del planeta en una enorme prisión digital, ya están en marcha y las podemos ver a nuestro alrededor.

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