domingo, 26 de junio de 2016

El melón, origen y variedades

Estrella de las frutas de verano junto a su prima lejana la sandía, el melón endulza nuestros postres con su sabor, nos ayuda a hidratarnos con su alto contenido en agua y a refrescarnos cuando aprieta el calor.

Melón, el refrescante rey del verano

El melón es una de las frutas más típicas de las neveras de cualquier domingo de playa a lo largo y ancho de la costa. De la familia de las cucurbitáceas, primo hermano del pepino y pariente lejano de la sandía, el melón es un fruto que tiene su origen en Asia, donde se domesticó, y llegó al Mediterráneo a principios del siglo I.

Pese a que siempre ha sido una fruta estacional de verano, en la actualidad es posible encontrar melones prácticamente durante todo el año. De hecho, las variedades que se recogen en septiembre y octubre, y que suelen llamarse ‘de invierno’, pueden durar hasta las Navidades o un poco más allá. 

Variedades y características del melón

Los melones más comunes se clasifican en dos familias:
Melones de verano: suelen ser muy aromáticos y perecederos, además de tener la corteza rugosa. A este grupo pertenecen los cantalupos, por ejemplo.

Melones de invierno: son menos aromáticos y menos perecederos, de cortezas lisas o arrugadas.
Gracias a su estacionalidad, es fácil asegurarse de que la variedad que estamos comprando es la que se corresponde con el momento del año. Existen muchas variedades de melones, con diferentes cortezas, colores, texturas, aromas y sabores:
Melón amarillo: de forma alargada, corteza dura, pulpa de color verde claro  y sabor dulce.

Melón cantaloup o cantalupo: esférico, ligeramente aplastado, de piel lisa y pequeño, tiene una pulpa naranja, llega a pesar poco más de un kilogramo y es de sabor dulce (aunque no demasiado) y aromático.
Es la variedad que suele ponerse en los buffet desayuno de hoteles.

Melón galia: también esférico, de pulpa blanca, poco consistente, no muy dulce y tamaño medio.

Melones verdes españoles: forman un grupo complejo, entre los que se encuentran:
  • El ‘piel de sapo’, que es un melón de verano, de corteza fina, verde y con manchas oscuras, su pulpa es blanco-amarillenta, poco aromático pero muy sabroso y dulce.
  • El ‘tendral’ es originario del sudeste peninsular y su piel es rugosa, gruesa y uniforme, lo que facilita su conservación y comercialización, de pulpa es muy sabrosa, blanca, firme, dulce y poco aromática.
  • El ‘rochet’ es de piel lisa, con algunas arrugas en los extremos, de color verde, un tanto alargado, muy dulce y con más sabor que aroma.
  • El de ‘Villaconejos’ se caracteriza por tener una piel con estrías en toda su superficie, de color casi pardo, con mucha pulpa, de color blanca, de sabor intenso y muy dulce, jugoso y refrescante.
  • Existe una variedad del mismo pueblo (Villaconejos) denominado ‘negro gigante’, que apenas se comercializa por su gran tamaño (llega a pesar 10kg), pero que los productores locales suelen cultivar para consumo propio puesto que, según dicen, es el mejor melón, el más dulce, se conserva muy bien y sujeto con unas cuerdas y colgado del techo del granero o la alacena.
Una rodaja aporta más de la mitad de la cantidad diaria recomendada de vitamina C

Valor nutricional y dietético del melón

El melón es un fruto de contenido energético bajo (33 Kcal/100g), que aporta una gran cantidad de agua, y destaca por su contenido en potasio, carotenoides (sobre todo las variantes de pulpa naranja) y vitamina C. Respecto a los macronutrientes, su contenido en azúcar es bajo (no llega a los 6g/100g) lo que la convierte en una fruta interesante para los diabéticos.

Es una buena fuente de hidratación en verano y su bajo contenido calórico lo convierte en un gran aliado en las dietas de adelgazamiento. Una rodaja aporta más de la mitad de la cantidad diaria recomendada de vitamina C, con lo que dos tajadas (lo que viene siendo una ración de consumo habitual) sirve para cubrir las necesidades de esa vitamina. A diferencia de su prima lejana la sandía, su contenido en potasio deberá ser tenido en cuenta por pacientes renales, puesto que una ración puede rozar el gramo. 

Mitos sobre el melón

El melón por la mañana oro, por la tarde plata y por la noche mata!” (dicho popular). El melón es de esas frutas con algunos mitos alrededor, consecuencia de las creencias populares. El dicho anterior ya lo refleja así, algo que estamos demasiado acostumbrados a oír: el melón consumido por la noche es de difícil digestión. Es más que probable que esta creencia venga de la antigua medicina, la cual prescribía comer el melón, los higos y las moras al principio de la comida.

Además, en la Edad Media los médicos recomendaban comer ciertas frutas con otros alimentos y condimentos. El melón no se salvaba de esa cruz, y se aconsejaba consumirlo con queso o alguna carne muy condimentada, sal o azúcar para “evitar que se pudra”. Es más que probable que la costumbre de comer melón con jamón venga de ahí. De hecho, el gran Alejandro Dumas en su Grand Dictionnaire de Cuisine describía que “para que el melón sea digestivo, dicen algunos gastrónomos, que hay que comerlo con pimienta y sal, y beber con él medio vaso de vino de madera o más bien de marsala”.

Sin embargo, no existe evidencia científica que nos haga desaconsejar consumir el melón después de comer como postre, o durante la noche. Cierto es que hay personas que digieren mejor o peor determinados alimentos, así que aplicando el sentido común estaremos protegidos: si un alimento no sienta bien simplemente hay que dejar de consumirlo y escoger otros que no den problemas. Generalizar con estas afirmaciones es un error que nos puede llevar a perdernos disfrutar de algunos alimentos, como es el caso del rico melón.
En el supermercado, lo mejor es elegir los melones más pesados para su tamaño

Cómo comprar un melón; conservación y usos en la cocina

Al igual que otros muchos vegetales, el melón es un fruto de una planta trepadora que se cultiva a ras de suelo, por lo que es importante lavarlo bien con agua caliente y jabón antes de abrirlo, puesto que la superficie de la corteza puede estar contaminada con microbios y tierra.

Es importante recoger el melón en su punto de maduración para disfrutar de su sabor dulce. Cuando vayamos a la compra, lo mejor es elegir los melones teniendo en cuenta estos aspectos:
Tamaño: más pesados para su tamaño (igual que con la sandía).
Color: con poco o ningún color verde en la piel.

Tacto: que cedan un poco al apretarlos por los extremos del tallo y de las flores. Si cede demasiado y los dedos quedan pegajosos, es que está pasado.

Olor: los melones de verano deben tener un aroma agradable, pero los de invierno poco o ninguno.
Para conservarlos, es recomendable dejarlos unos pocos días en la nevera, cubiertos con un film transparente si están abiertos, ya que el fuerte olor que desprende puede impregnar otros alimentos. Es posible congelarlo, cortado a trozos y sin la cáscara, obteniendo así un delicioso y refrescante postre que encantará a los más pequeños.

Cocina Saludable Para Diabéticos 
Usos del melón en la cocina

El melón es una fruta con pocas recetas clásicas, a parte del famoso entrante melón con jamón. La forma tradicional de comerlo es directamente a tajadas, como fruta, y es como mejor se puede disfrutar de su sabor, sin ningún elemento que nos distraiga. Sin embargo, en el pasado era habitual aliñarlo con aceite y sal cuando salía pepino, una estupenda manera de no tirar el melón y aprovecharlo aunque no tenga el sabor dulce que esperábamos.

Otras formas interesantes de comer el melón es troceado a dados, espolvoreado con pimienta y con un poco de foie a la plancha, en ensalada con apio picado y naranja, o con menta y pepino en forma de sopa.

Hay que recordar que el melón contiene una enzima llamada cucumisina, con capacidad de digerir las proteínas, por lo que difícilmente podremos hacer una gelatina de melón a no ser que inactivemos previamente la enzima con calor.




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