domingo, 26 de junio de 2016

Convivencia entre perros y gatos

Para conseguir una convivencia feliz entre perros y gatos 
la prevención y la previsión serán nuestras mejores herramientas.

Dale la vuelta a la expresión 'se llevan como el perro y el gato'. La convivencia entre ambos no tiene por qué ser mala, sino más bien todo lo contrario. Te contamos cómo educarles para evitar problemas entre ellos.

Convivencia entre perros y gatos

La convivencia entre perros y gatos no tiene por qué ser mala. Pese a ser animales de especies diferentes, y por tanto con necesidades y comportamientos también distintos, pueden mantener una relación completamente normal e incluso afectivamente satisfactoria. El éxito de la cohabitación dependerá de diversos factores como la edad de los animales y su estado de salud, el carácter de cada uno, cómo y en qué momento hagamos el proceso de adaptación o cómo actuemos en el caso de que aparezcan problemas de convivencia entre nuestras mascotas.

Como en muchos aspectos, para conseguir una convivencia feliz entre perros y gatos la prevención y la previsión serán nuestras mejores herramientas. En Webconsultas te contamos todo lo que necesitas saber para lograrlo.

“Se llevan como el perro y el gato”

Una de las expresiones que todos hemos escuchado cientos de veces a lo largo de nuestra vida y que hace referencia a una mala relación entre personas que continuamente están peleando es aquella de “Se llevan como el perro y el gato”. Sin embargo, no es tan cierta como creemos, ya que la relación entre un perro y un gato, dos animales muy diferentes entre sí a nivel de carácter, comportamiento y necesidades, puede ser no sólo positiva, sino complementaria y armoniosa para ambos. Como en todo, habrá perros y gatos que se lleven mejor y otros que no se puedan ni ver, pero en nuestra mano como dueños está conseguir una convivencia positiva, o al menos tranquila, si van a ocupar el mismo espacio.

Es importante señalar que el carácter del animal y la forma en la que se gestione la llegada del nuevo miembro serán determinantes para el éxito de la cohabitación de canes y mininos. También es muy importante conocer muy bien a ambos animales: cuáles son sus necesidades, cómo es el desarrollo de cada uno, qué comportamientos son característicos de cada especie o qué debemos evitar en su educación son algunos de los puntos que no debemos pasar por alto a la hora de unir en un mismo hogar a estos dos tipos de mascotas. Si bien el gato es un animal más independiente y que busca su espacio propio dentro del hogar, no podemos olvidar que, en general, el perro necesita más contacto, más compañía y más mimos. Esas diferencias harán que ambos requieran de cierto tiempo para poder adaptarse y que nosotros les ofrezcamos ese tiempo y las condiciones óptimas para ello.

Silvia de la Vega, Licenciada en Veterinaria y miembro de Etología Veterinaria nos explica que, pese a que el perro y el gato “son especies muy diferentes y necesitan tratamientos distintos, se puede establecer una convivencia que cubra sus necesidades de contacto social y establezca una comunicación clara entre la familia y los animales. Para ello es importante que el entorno que habitan esté dispuesto de una forma que permita que cada animal exprese sus conductas naturales adaptando el contacto social a las necesidades de cada uno”.

Aclara la especialista en comportamiento animal que al margen del comportamiento y carácter también es distinta la estructura social de cada especie. “El perro es una especie social obligada, y todas sus actividades están fuertemente orientadas al aspecto social. Así, por ejemplo, al llegar a un lugar nuevo el perro puede estar interesado en conocer a los habitantes del mismo. El gato, en cambio, es un superviviente solitario y aunque puede ser social en función de las circunstancias nunca se olvida de que la supervivencia es cosa de uno. De este modo, al llegar a un lugar nuevo estará más interesado en explorarlo para conocer cosas como vías de escape o escondrijos disponibles”, nos explica.

La veterinaria incide en que debemos tener siempre presente que, “como especies distintas”, los perros y los gatos tienen una relación de predador-presa o de competidores por naturaleza. “Es natural que un perro muestre agresividad predatoria hacia un gato o un gato muestre agresividad por miedo hacia un perro. Ahora bien, en nuestras familias perros y gatos conviven juntos con frecuencia y pueden llegar a generar vínculos o relaciones afiliativas entre ellos con juego mutuo y con una comunicación bastante efectiva en la que interpretan bien señales de la otra especie que pueden tener un significado muy distinto en la propia”, concluye Silvia de la Vega.
Los gatos pueden mostrar agresividad defensiva y signos de estrés durante el proceso de adaptación.

Problemas en la convivencia entre perros y gatos

Cuando hablamos de conflictos en la convivencia entre perros y gatos, hay que tener en cuenta que es habitual que ya habite en nuestro hogar uno de estos dos animales y que, por tanto, sea la mascota que ya esté integrada en la familia la que mayor rechazo pueda sentir ante la llegada de un nuevo miembro.

Los principales problemas que pueden surgir en la adaptación tienen que ver con la agresividad predatoria en el caso del perro, y la agresividad defensiva en el caso del gato, así como otros tipos de agresividad como la territorial (tratar de repeler a un extraño fuera del territorio), la agresividad competitiva o la agresividad por juego, según nos explica la experta en etología Silvia de la Vega, quien añade que, además, “en los gatos, existe la posibilidad de que de forma secundaria se presente una agresividad redirigida hacia otros objetivos, como los propietarios”.

La experta insiste en que, además de los mencionados problemas de agresividad, “es frecuente que el gato manifieste síntomas relacionados con el estrés que pueden ser muy amplios, desde el desarrollo de conductas de marcaje, cambios en el patrón de su conducta de acicalamiento, variaciones en la ingesta de agua/comida, etcétera. Secundariamente, la presencia del perro puede significar un obstáculo para la realización de sus actividades normales. Por ejemplo, un gato puede comenzar a hacer sus necesidades en otro sitio si comprueba que el perro puede acorralarle o molestarle cuando utiliza su bandeja normal”.

En cuanto al perro, además de lo ya mencionado, según Silvia de la Vega debemos saber que su faceta de carroñero le puede hacer sentir atracción por el contenido de la bandeja de eliminación del gato, además de ladrar y mostrar otras conductas relacionadas con la frustración cuando quiere alcanzar al felino (ya sea por conducta predatoria o bien por juego o conducta exploratoria) algo que “puede estresar aún más al gato”.

Respecto a los celos entre canes y gatos, para Silvia de la Vega “es poco probable que haya un problema de celos y será más fácil que aparezcan problemas relacionados con la predación en el perro, por ejemplo, en los momentos en que el gato se mueve o con la autodefensa en el gato, por ejemplo, si se siente acorralado”. Sea como sea, la licenciada en Veterinaria opina que “es importante educar al perro para permanecer tranquilo en presencia del gato practicando órdenes, ejercicios de focalización en el propietario cuando el gato está presente durante el proceso de introducción gradual o simplemente premiándole cuando permanezca tranquilo por propia iniciativa en presencia del felino.” Es importante saber que sea cuál sea el primer integrante del hogar, tanto el perro como el gato, es interesante haberlo socializado desde cachorro tanto con otros animales como personas, especialmente niños, así como en otros lugares distintos al hogar habitual.

Si pese a todo aparecen problemas de convivencia entre nuestras mascotas lo ideal es contactar con un especialista que pueda emitir un diagnóstico y evaluar las necesidades de cada caso, que pueden incluir una terapia de desensibilización y contracondicionamiento o incluso el uso de medicación. “Sea como sea, herramientas como la supervisión de todos los contactos para minimizar el riesgo o el acondicionamiento de la casa con las barreras necesarias para poder separarlos cuando no se les pueda supervisar, así como la provisión de vías de escape en altura para el gato en todos los lugares de la casa para evitar acorralamientos, están siempre indicadas. El uso del castigo como, por ejemplo, el que es impartido sobre el perro por querer ir hacia el gato o la actitud de ‘dejar que arreglen sus asuntos solos’ puede tener malas consecuencias”, explica Silvia de la Vega.
Las probabilidades de éxito en la convivencia de 
un perro y un gato en el mismo hogar son mayores si ambos animales son jóvenes.

Consejos para una convivencia entre perros y gatos

Las probabilidades de éxito en la convivencia de un perro y un gato en el mismo hogar son mayores si ambos animales son jóvenes (por debajo de seis meses en el gato y de un año en el perro), si el gato es el residente y el perro el que llega después o si se realiza una introducción gradual y controlada para que ambos animales se vayan habituando, teniéndolos primero separados para que contacten con olores y sonidos, y realizando luego presentaciones breves a distancia o con barrera.

La veterinaria Silvia de la Vega opina que la planificación puede ayudarnos a que todo salga bien, por lo que “decidir desde un principio que se va a querer tener perro y gato, para adoptarlos con edades apropiadas, y realizar una introducción gradual, aumentará las posibilidades de la convivencia armoniosa”. Además, hay una serie de consejos que pueden facilitarnos mucho las cosas a la hora de conseguir una feliz convivencia entre perros y gatos:

Como Educar Tu Perro1. Tener información sobre lenguaje corporal en ambas especies para comprender lo que sucede durante los contactos.

2. Utilizar elementos de separación como vallas de seguridad para niños con el fin de proveer al gato de un lugar seguro al que el perro nunca tenga acceso, así como para impedir el acceso del perro al lugar de la bandeja de eliminación, puede ser interesante para facilitar la convivencia entre ambos así como enriquecer el entorno para el gato con suficientes atalayas, escondites y vías de escape en las zonas comunes.

3. Es importante enseñar al perro conductas calmadas bajo comando por las que recibirá elogios y premios.

4. Evitar la convivencia entre perros y gatos cuando los animales son muy mayores, tienen problemas de salud o un carácter difícil nos evitará muchos problemas.

5. No es recomendable el uso del castigo sobre cualquiera de los animales, así como tratar de obligar o sujetar al gato para forzarle a tener contacto con el perro, dejando al felino sin posibilidad de movimiento.

6. Mejor si se adaptan a la convivencia desde que son cachorros, ya que las primeras semanas serán fundamentales para la socialización.

7. Conocer el carácter de cada uno puede ayudarnos a la hora de marcar el ritmo de la adaptación. Cuánto más tranquilos y cariñosos, más sencillo será.

8. Es necesario respetar los espacios de cada animal y marcarlos o delimitarlos para que se sientan protegidos en ellos.

9. Lo importante es que las necesidades de cada uno estén cubiertas, requiera lo que requiera.

10. Si vas a mantenerte ausente de la casa, aunque sean minutos, lo ideal es dejar al gato y al perro en habitaciones separadas hasta tu vuelta para evitar posibles disputas; más aún si nos encontramos en pleno proceso de adaptación.





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