lunes, 9 de mayo de 2016

El Comercio Internacional… ¿el culpable del desempleo?

Hoy día, los políticos de Occidente dedican cada vez más tiempo a una materia que parecía olvidada y que ahora la sociedad ha recuperado en un intento por explicar la dudosa situación del mercado laboral: el Comercio Internacional. Afirmaciones como el importar ropa de China aumenta el desempleo en nuestro país, o bien, comprar productos nacionales es suficiente para mejorar la economía, son algunos de los mantras más utilizados últimamente y que, dicho sea de paso, están mal utilizados.

Ante esta ola de creciente odio hacia el comercio internacional, varios expertos y economistas están aunando fuerzas para intentar arrojar luz sobre los beneficios que conlleva la globalización. Alan S. Blinder, profesor de Economía en la Universidad de Princeton y miembro del que fuera el consejo económico de Bill Clinton, ha descrito lo que considera cinco verdades sobre el comercio internacional, con las que tanto economistas liberales y conservadores se muestran de acuerdo.

La destrucción de empleo no se deben al comercio internacional. Cada mes se crean unos cinco millones de empleos en Estados Unidos y se destruye una cantidad similar, dejando un incremento neto del empleo pequeño. En México, en 2015, se generaron 644 mil empleos mientras se perdieron poco más de 730 mil. Así pues, la parte de empleos que se destruyen derivada del comercio internacional es mínima, sin embargo los avances tecnológicos y la competencia, que destruyen una parte mucho mayor, cuentan con el apoyo general.

Aunque no se quiera creer, el comercio sirve para emplear de forma más eficiente a la fuerza laboral, lo que supone un factor clave para alcanzar salarios mayores. Si tuviésemos que fabricarnos nuestra propia ropa y cultivar nuestra propia comida no tendríamos tiempo para ganar un sueldo trabajando en lo que se nos da mejor, por lo que nuestro nivel de vida sería muy inferior al actual, claro, esto depende del cristal con que se mire y de los satisfactores ofrecidos por el mercado que se deseen. Si los habitantes de California no pudieran importar la ropa y la comida que consumen, nunca hubieran tenido tiempo para crear Silicom Valley. Sin duda, las economías se especializan en lo que hacen mejor.

Así pues, los desequilibrios comerciales son inevitables y en la mayoría de las veces no importan mucho que digamos. Cada mes incurrimos en un déficit comercial en ciertos rubros dentro de la Balanza Comercial. Por otro lado, obtenemos un superávit con la empresa en la que trabajamos, nosotros les vendemos nuestro esfuerzo y sin embargo no les compramos nada.

Para los defensores del Comercio Internacional, tener un enorme déficit comercial no nos convierte en perdedores. México, por ejemplo, lleva registrando déficits comerciales durante décadas. Eso no significa que tengamos un gran problema, o más bien, ese no es realmente el problema.


Los acuerdos de libre comercio apenas afectan el equilibrio comercial del país. Muchas de las quejas políticas se dirigen hacia los acuerdos comerciales específicos entre países... Es cierto que por ejemplo el Nafta (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) destruyó empleo en EE.UU.; esas personas merecieron un trato mejor del que recibieron por el Gobierno. Sin embargo, ese tratado creo nuevos puestos de trabajo.

La culpa de los déficits comerciales de EE.UU. no la tienen las parejas comerciales del país, sino el rol que ocupa el dólar a nivel internacional y lo poco que ahorran los hogares de EEUU. El déficit comercial no es la mayor causa de la destrucción de empleo (puesto que se crean nuevos trabajos), pero sí es cierto que el Gobierno podría hacer más por aquellas personas concretas que han perdido su empleo por un tratado comercial. No obstante, es importante destacar que el comercio hace los trabajadores más productivos y mejora los salarios.

En conclusión, el TLCAN o el comercio internacional de México y el mundo, no es el problema de fondo, el problema real, se encuentra detrás de las políticas económicas establecidas por cada país. Y la impuesta y regulada por el Gobierno Méxicano, no es, sin duda, una de las mejores. Una de las consecuencias de esto, es que la tasa de desempleo creció desde el año 2000 (primer sexenio de entrada en vigor del TLCAN) a la fecha, de un 2.5% hasta un, de acuerdo a datos “oficiales”, 4.5%.

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