jueves, 10 de marzo de 2016

La cara oculta de las vacunas

La falta de información veraz es la causa de que muchas personas acepten vacunarse contra todo aquello que les recomiendan las autoridades, convencidos de que si lo dicen los expertos es lo que hay que hacer. 

Actitud a la que han contribuido enormemente los medios de comunicación, sobre todo cuando surge algún brote infeccioso masivo, influidos sin duda por las estadísticas proporcionadas por las grandes multinacionales farmacéuticas.

Sin embargo, no todo el mundo comparte esta aceptación sin condiciones. A fin de cuentas, las vacunas son un gran negocio y una vacunación masiva es un negocio fantástico.

Se alega que en tales casos son los propios ciudadanos los que presionan al Gobierno para que ponga en marcha un programa de vacunaciones, pero se evita decir que la gente carece en general de la información necesaria y desconoce los riesgos que ello conlleva. Pues bien, precisamente para que el ciudadano tenga acceso a una información menos sesgada y en consecuencia tome sus decisiones libre y responsablemente, han surgido en la última década varias asociaciones en todo el mundo. La primera en España es La Liga para la Libertad de Vacunación, con sede en Barcelona y nacida para ofrecer un marco que garantice a las personas el derecho a decidir si quieren o no vacunarse así como velar por los intereses de los afectados por las vacunas.
Valga como ejemplo de esto último la sentencia judicial que hace unos años obligó en Cataluña a los laboratorios GlaxoSmithKline a indemnizar con veintidos millones de pesetas (ciento treinta y dos doscientos veintitres euros) a Alba, una niña de cinco años contagiada de poliomielitis tras serle administrada la vacuna contra estamisma enfermedad, en compensación por la parálisis del brazo izquierdo. La sentencia dio por probada la relación causa-efecto pordeducción lógica entre el suministro del fármaco y la enfermedad, aun cuando el juez subrayase que se trataba de un riesgo de escasísima frecuencia, por lo que en modo alguno neutraliza el beneficio general de las campañas de vacunación permanente.

La madre de Alba que vacunó a su hija pensando que era obligatorio,dijo que nadie le había mencionado los posibles efectos secundarios. En definitiva, aunque fuese verdad que el riesgo es pequeño,existe y la simple posibilidad de que pueda haber efectos secundarios en algunos pacientes es suficiente para insistir en su derecho a elegir y a poder reclamar legalmente en caso de que la vacuna provoque una lesión o la muerte.
El papel de los pediatras

Aun recuerdo el testimonio de un padre contando que el pediatra de su hijo de pocos meses le había echado de la consulta cuando se atrevió a preguntar sobre las posibles contraindicaciones de la vacuna DTP (Difteria, Tétanos y Tosferina). Pregunta no tan descabellada cuando en EE.UU. y algunos otros países esta siendo objeto de un estudio para averiguar su incidencia en la muerte súbita infantil. Me gustaría pensar que esta reacción prepotente fue un incidente aislado y quizás en aquella ocasión ese médico tuviera mal día. Sea como fuere, el deber de los médicos es informar convenientemente a sus pacientes sobre los posibles riesgos de los tratamientos a seguir y esto incluye las vacunas.

Existe en España y muchos países desarrollados un servicio de fármacovigilancia que pide a todos los médicos que comuniquen los casos en los que se observan efectos secundarios por la administración de fármacos, vacunas incluidas. Al menos que la situación haya mejorado en los últimos años, la realidad es que este servicio no funciona como debiera y de ahí que sea difícil hacer estudios estadísticos fiables sobre los efectos secundarios de un fármaco sin que todos los médicos españoles cumplan con el requisito de informar.

Por otra parte, en algunos países la presión y poder de las multinacionales farmacéuticas es tan grande que los gobiernos obligan a la gente a vacunarse. En este sentido, me gustaría mencionar lo que el medico británico Richard Nicholson (editor de la revista Boletín de Ética Medica) explicó durante un congreso celebrado en octubre de 1997 en el que se analizó la conveniencia de vacunar masivamente o no a los niños británicos según las recomendaciones del Gobierno. Nicholson argumentó entonces que si bien no estaba en contra de las campañas de vacunación entendía que es necesario informar a los padres sobre su derecho a decidir si vacunan o no vacunan a sus hijos. Agregó que algunas familias habían sido obligadas a hacerlo, citando el caso de una familia en el Ulster que había recibido la visita en su domicilio de unos médicos de la sanidad pública que, acompañados por la policía, se presentaron para vacunar por la fuerza a su hijo de la hepatitis B.

Nicholson denunció que este tipo de incidente parecía indicar que la preocupación más importante de algunos médicos británicos es alcanzar una serie de objetivos mínimos en cuanto al número de vacunaciones y de ese modo acceder al complemento económico que se concede a los facultativos que cuidan mejor el bienestar de sus pacientes. Algo peligroso que podría pasar en España en el futuro si la Seguridad Social pasa a ser gestionada privadamente y se empieza a exigir objetivos y productividad, algo muy poco compatible con la prevención y el cuidado de la salud. En esta línea, Nicholson denunció también que algunos médicos habían llegado a expulsar de su consulta a las familias que se negaban a vacunar a sus hijos y que algunos incluso habían amenazado a los padres con retirarlesla custodia de sus hijos.
¿Vacunar o no vacunar?

Las vacunaciones masivas responden a un modelo de estado que interviene en las condiciones de vida y en las decisiones privadas de las personas. Esta política no puede justificarse simplemente en orden al interés público, ya que detrás de las autoridades sanitarias se encuentra la industria farmacológica que obtiene unos beneficios astronómicos por la comercialización de vacunas en masa. Un negocio bien organizado contra el que aun nadie ha levantado la voz. El mercado potencialmente receptor de vacunas en todo el mundo hace que las cifras alcanzadas por la venta de vacunas a las autoridades sanitarias y organizaciones de ayuda al Tercer Mundo sean billonarias. El primer paso a dar, como ciudadano, es exigir una información veraz y precisa en línea, como mínimo, con las recomendaciones que el Grup Mèdic de Reflexió sobre les Vacunes, con base en Barcelona, ha elaborado:
1. En general, no vacunar de sarampión, paperas ni tosferina.

2. Considerar la posibilidad de vacunar de rubeola y tétanos si se dan las siguientes circunstancias:

de la rubéola, sólo a las mujeres que estén en edad de tener hijos y no la hayan padecido previamente;
del tétanos, sólo si existen factores de riesgo por causas laborales o de residencia.

3. Considerar la posibilidad de vacunar de difteria y de polio si se da una situación epidémica y las medidas higiénicas son insuficientes.

4. Entre la inoculación de una vacuna y el inicio del embarazo debe transcurrir un tiempo prudencial de seis meses.

5. Si se decide vacunar hay que tener en cuenta los siguientes puntos:

considerar la historia médica del individuo en cuanto a sus antecedentes personales, valorando especialmente la existencia de un terreno alérgico y de enfermedades autoinmunes, la existencia de trastornos neurológicos y convulsiones. Estas enfermedades contraindican la vacunación;

en el caso de aparición de alguna complicación a lo largo de las diferentes inmunizaciones, se debería considerar la posibilidad de excluir una o varias vacunas;

evitar las combinaciones simultáneas de vacunas. Debido al efecto sinérgico de algunas vacunas, cuando se administran juntas se pueden potenciar sus efectos secundarios. Si se decide vacunar es aconsejable que se administre cada vacuna por separado.

6. Contraindicaciones. En determinadas situaciones la vacunación está contraindicada: enfermedades que conllevan disminución de la inmunidad, ciertos trastornos neurológicos, enfermedades autoinmunes, pacientes alérgicos que han manifestado agravación con una vacuna, en convalecencia de enfermedades, y en todos los casos en que se haya registrado una fuerte reacción postvacunal, hay que considerar que la vacunación probablemente esté contraindicada.
Autismo y vacunas con mercurio

Muchos investigadores médicos y pediatras relacionan el aumento de niños autistas y la vacunación con fármacos que contienen mercurio, en forma de tiomersal, un producto que puede provocar alteraciones

del sistema central nervioso. El doctor José Francisco Navarro recibe en su consulta desde recién nacidos hasta adolescentes con secuelas autistas y la mayoría tienen niveles de mercurio en sangre hasta doce veces superior al límite máximo. La acumulación de este metal en el cuerpo, fruto de hasta veintidos dosificaciones de vacuna puede provocar problemas locomotores, pérdida de la capacidad de concentración, etc.

El periodista Paco Rego cuenta en su artículo sobre el autismo publicado en la Crónica del Mundo del 29/2/2004, que el riesgo teórico de las vacunas que contienen tiomersal esta admitido por las autoridades desde el año 2000 y se recomienda su eliminación aunque todos los estudios científicos realizados desde 1999 descartan cualquier tipo de relación. En opinión de Xavier Uriarte, decir que se puede seguir vacunando con mercurio es una gran mentira. Sostiene que no se había llegado a una conclusión científica final sobre la relación de autismo con el mercurio porque la mayoría de los estudios están pagados por la industria farmacéutica, la misma que el doctor Matias Rath denuncia en el Tribunal Internacional de la Justicia de La Haya. Uriarte pregunta por qué las autoridades, conscientes del problema, siguen permitiendo que miles de niños sigan recibiendo vacunas con mercurio, sin contar a los padres los posibles riesgos que corren sus hijos.

Nota: En sus preparativos finales para la entrada del Nuevo Orden Mundial, los Illuminati intentan desde hace décadas, controlar nuestra salud de forma antidemocrática. No interesa curar las enfermedades más preocupantes porque los beneficios que obtienen las empresas farmacéuticas están garantizados mientras la enfermedad siga activa. Por ello se intenta desacreditar las medicinas alternativas en todo Occidente. Después de todo, si los enfermos se curan, las compañías farmacéuticas no tendrían razón de ser. Quizás en su supervivencia tenga que ver la creación de nuevas enfermedades.

A otro nivel, se llevan a cabo pruebas de nuevos medicamentos con cobayas inocentes que pueden ser militares que luchan por su país en lugares lejanos o niños y bebes huérfanos, normalmente de raza negra o hispana. Los ensayos de productos nuevos en situaciones de emergencia como el caso de la epidemia de meningitis bacterial en Kano, Nigeria es una barbaridad. Ni en estos momentos de extremo sufrimiento, parece don Dinero dispuesto a abrir sus arcas y dar, gratuitamente, unos fármacos aprobados para mitigar la situación.

La industria de las vacunas parece estar basada en la mentira y la política del miedo, mientras los científicos pagados por las grandes multinacionales siguen dando sus conclusiones parciales de las situaciones polémicas. ¿Serían tan prepotentes si fueran sus hijos los afectados?

http://bit.ly/clisense



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