lunes, 14 de marzo de 2016

Genios, ¿para qué?

Un invento que podría revolucionar la economía de los combustibles en México y contribuir a la mejora del medio ambiente duerme el sueño de los justos, mientras que sus inventores se resignan con dar clases en nivel secundaria y universidad.

Él, subempleado en una preparatoria particular. Dando clases de química con un salario de 5 mil pesos mensuales. Ella, también docente, con un ingreso de 3 mil pesos quincenales; la negativa del Conacyt para aceptarla como investigadora y un esposo convaleciente por un derrame cerebral.

Así viven los dos creadores que han inventado una máquina para convertir grasas y botellas de plástico en biodiesel y un sustituto de gasolina.

Valentín Gálvez Salas tiene 25 años de edad y ya se empuja como uno de los grandes creadores mexicanos. Tiene varios inventos. El más reciente es la máquina generadora de combustible a partir de basura.

Sabe que con ella se puede revolucionar la historia. Su sueño es que todo mundo tenga combustible barato y a la mano.

Ese es el pensamiento que lo consume todas las mañanas cuando sale de Acajete, su pueblo natal, para dirigirse a la ciudad de Puebla, en donde trabaja dando clases de química. En las dos horas de trayecto que hace el camión, entre bamboleos y empujones de la gente, su cabeza se le fuga al futuro.

Sueña, con un golpe de suerte: distribuir su máquina entre la gente de escasos recursos.

Piensa como un genio, pero vive como un asalariado más de México. Piensa y vive igual que su mentora, la doctora Gema Carreto, la que todos los días tiene que dejar a su marido enfermo para ir a la Universidad Autónoma de Puebla a impartir las pocas horas de clase que le tienen asignadas desde hace varios años.

La doctora Carreto no se atormenta por ello. Asume estoicamente la condición de creadora olvidada que le ha tocado vivir. Su preocupación mayor, después de las clases que imparte, es pensar en el bienestar de sus dos hijos y en la salud de su marido, también ex catedrático de la misma institución; tiene que vivir con su magro sueldo y la pensión raquítica que le llega a su esposo jubilado.

Ella es asesora del proyecto de generación de biocombustibles a partir del uso de basura, pero no cuenta con la posibilidad de sostenerse económicamente de su actividad como docente dentro de la universidad; no ha podido conseguir tiempo completo; a la fecha imparte tiempo mínimo de clases y se le mantiene marginada dentro del escalafón académico.

Ninguno de los dos desisten de sus sueños, aun cuando de ninguna instancia del Gobierno federal, mucho menos de Pemex, se han acercado a ellos para conocer de cerca el proyecto que daría solución a la demanda de combustible ante la escasez de petróleo.

Por eso, ellos dos, con sus propios escasos recursos económicos han emprendido una lucha personal para concretar la producción de combustibles; esperan que para el año entrante la producción de biodiesel a partir de grasas de desechos, y la producción de un sustituto de gasolina a partir de botellas de plástico, pueda estar al alcance de la población.

Ellos saben del riesgo. Saben que su invento va contra los intereses de las empresas que tienen el monopolio en la distribución de combustibles, como Pemex. Por eso no quieren hablar mucho del tema. Por eso se mantienen casi en el anonimato, en espera de que el prototipo de la máquina sea perfeccionado y ésta se pueda distribuir para que cualquier persona pueda genera su propio combustible. 


El PET como combustible

El invento del ingeniero Valentín Gálvez no solo produce biodiesel, también genera un sustituto de gasolina que surge a partir de la utilización de botellas de plástico. La trasformación del PET (polietileno tereftalato) y algunos plásticos, asegura el inventor, es el futuro de la humanidad para resolver el problema de la falta de combustibles.

El proceso mediante el cual se obtiene el sustituto de gasolina se conoce como pirólisis, que permite la descomposición química de las botellas de plástico, para transformarlas en fuentes de energía útiles. “Es por medio de la temperatura que rompemos los enlaces moleculares del PET y obtenemos un gas que al condensarlo se transforma en un nuevo compuesto, con ciertas características químicas, que puede ser utilizado como gasolina”.

El mismo proceso de generación del sustituto de gasolina también genera combustible para el funcionamiento de la máquina. El sistema es autosustentable.

“Es una máquina que genera alimento y se alimenta a sí misma”, explica de manera llana.

La producción del sustituto de gasolina, mediante este sistema resulta más barato por mucho frente al modelo actual de producción. Esta máquina empujaría a la baja los precios de los combustibles, lo que –desde el punto de vista del inventor- disminuiría costos en los procesos de servicios y producción, para impactar favorablemente en la economía de las personas.

‘Galvecina’ sueño casi imposible

La intención –dijo Valentín Gálvez en entrevista- es que en poco tiempo todas las personas cuenten con una máquina de este tipo en su casa, para que allí mismo se genere el combustible necesario para sus actividades diarias; sea biocombustible o gasolina.

“Estamos trabajando para que la máquina sea como una lavadora, que todos la puedan tener. Para que todos puedan satisfacer sus necesidades de combustible, sin depender de ninguna empresa”.

Actualmente en México, explicó, existen más de 14 mil comunidades rurales marginadas que no tienen acceso eficiente y rápido a los sistemas de suministro de diésel y gasolina.

Todas dependen del suministro de Pemex, un suministro costoso, lento y de mala calidad.

La máquina que fue ideada por Valentín Gálvez y perfeccionada con la ayuda de la doctora Gema Carreto, a la fecha no tiene nombre. Pero es un sistema en el que se alimenta por un lado con grasas de desecho, principalmente aceites de cocina, y por el otro lado destila biocombustible. Allí mismo se introducen botellas de plástico y se destila un sustituto de gasolina.

http://bit.ly/tuautoaelectrico





Reporte Indigo

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