lunes, 7 de marzo de 2016

Emilio Lozoya, enterrador de Pemex

El exdirector de Pemex, apenas en el 2012 era la estrella del gabinete de Peña Nieto. De familia llevaba la tradición de la burocracia dorada priista que había mandado a sus hijos a estudiar a universidades norteamericanas. Se le entregó Pemex para su próxima privatización. En la implementación de la estrategia contaría como cómplice con José Murat Casab para armar el “Pacto por México” y meter al aro al PAN y PRD.

Lozoya se alucinó con la magnitud de la paraestatal y le cargo la mano creando 24 nuevas direcciones, 92 subdirecciones, 392 gerencias y 900 subgerencias. Se le llenaba la boca para decir que la petrolera operaba óptimamente pero que, por su gran potencial, requeriría atraer socios privados de estatura mundial para medirse con sus análogas en el orbe.

La historia ocurría como en cuento de hadas. Lozoya era el funcionario estatal más visitado por inversionistas de todo el mundo. Las expectativas daban para presumir que lo que no pudo hacer Calderón de cumplirle a Washington con el cierre de Pemex, él lo haría antes de la mitad del sexenio peñanietista publicitándolo como “la reforma energética”. El propio Lozoya había trabajado en despachos como el de Pedro Aspe que era especialista en la concertación para vender empresas del estado a particulares y asesorar gobernadores para hipotecar sus estados. Con la misma tranquilidad y seguridad mantuvo a Jorge Romero Deschamps en el sindicato más rico del mundo con las arcas abiertas para cumplir su labor de control laboral, manteniéndolo como líder vitalicio.

Lo único que le falló a Lozoya fueron dos cosas: auditar en serio la empresa y estudiar lo que pasaba en los mercados del mundo, con la prospectiva de producción norteamericana de crudo, gas y de los precios del futuro próximo. Dos olvidos que hoy tienen a la primera empresa nacional prácticamente en estado agónico y a punto del colapso que arrastrará la economía del país. La deuda de Pemex crece exponencialmente. Las últimas pérdidas de 128 mil millones de pesos aún antes de pago de impuestos, no tiene precedente en la historia de la institución. El pasivo laboral siempre oculto con diversos subterfugios rebasa el billón de pesos y sigue aumentando incesantemente. Lozoya fue despedido de Pemex sin que nadie explique desde cuando escondió el desastre que ya estallo.

A propósito de explosiones lo recordamos desde el ocurrido en los sótanos de la torre de Pemex que, su director negó como un hecho intencional, pero nunca explico la sospechosa casualidad que haya ocurrido en el área de los archivos de una empresa que tenia la encomienda de convertirse en nuevo IPAB, que trasladaría el pago de sus pasivos a la ya muy abultada deuda nacional. Aquel trágico siniestro que costó tantas vidas (37 muertos y 126 heridos), quedó en una de las primeras “acertadas” conclusiones de las indagaciones de Murillo Karam. Se trató dijo, de una acumulación de gases de la cañería del sótano que no encontraron salida y se convirtieron en una bomba de tiempo que arrasó varios pisos.

Remontando con todo cinismo el penoso caso de la torre de Marina Nacional prosiguió Lozoya campantemente con su encomienda incluso, el día de la tragedia, lo sorprendieron en el extranjero durante el festejo de una de sus costosas giras internacionales promoviendo la venta de nuestra empresa nacional. Lo cierto es que continuó con el cumplimiento de la tarea abandonando por largos periodos la administración de la petrolera que día a día se desplomaba por efecto de la corrupción, la ineptitud e imprevisión que se supone que quedarían ocultos con el cierre del ciclo público de la enorme organización. Cuando todo parecía arreglado surgió otra muestra de lo que al interior ocurría en Pemex, el caso de Oceanografía.

Amado Yañez había sido contratista preferido tanto de los sexenios del PRI como en los del PAN. Era el coyote perfecto para cumplir el encargo de inflar los presupuestos de obras y servicios para repartir dinero a manos llenas. El papel que hacia el Sindicato para sacar dinero en las campañas se había agotado, ahora el medio era Oceanografía que parecía hecha a la medida para lavar dinero y repartirlo adentro y afuera de Pemex. Pero… llego la hora de la verdad antes de concluir la privatización salieron a relucir los desfalcos de la paraestatal gracias a que entre las patas se llevó también al Banco Citigroup

La industria petrolera recibió otro revés cuando ya no podía salvarse. Decenas de miles de trabajadores y proveedores fueron hundidos con Oceanografía y la producción de crudo inicio un franco descenso. Lozoya se afanaba con decir que no era grave porque Pemex cobraría las fianzas, a pesar de que sabía que ni siquiera se las habían exigido. Seguramente la Secretaría de la Función Pública cuyo encargado era Julián Olivas Ugalde, que ya fue cesado también, no pidió permiso a Pemex para abrir la investigación del fraude a Citigroup con facturas apócrifas de la petrolera y la trascendencia del caso en Estados Unidos impidió echar marcha atrás revelándose el estercolero que todavía se litiga en México y Florida.

Consta en el diario de debates de la Cámara de Senadores y Diputados como Lozoya se desgañitaba para defender a Yañez y su camarilla sin darse cuenta que eran las últimas velas prendidas en el entierro de la empresa que fue la salvación de México.

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