lunes, 22 de febrero de 2016

La historia de Elena Gouliakova

La historia de Elena Gouliakova conmovió hace unos años a la sociedad de Nuevo León. La exinstructora de patinaje artístico sobre hielo en San Pedro pasaba sus días como indigente en las calles. Ahora ocupa una celda del Topo Chico, a donde aparentemente llegó sin cometer delito.

"Está muy bonita”, dice una interna del penal del Topo Chico enfundada en su recién estrenado uniforme color naranja. Se refiere con lástima a una reclusa que rompe la amalgama cultural de la prisión que está de moda por la reciente muerte violenta de 49 reos.

El pelo rubio y los ojos de aceituna de Elena Gouliakova llaman constantemente la atención de los que pagan su condena en el desvencijado reclusorio.

La misericordia que recibe la reclusa extranjera es esa consagrada maldición de malinche que nos hace tener lástima por todos menos por el nuestro, por el que lleva el envoltorio del color de nuestra piel.

Le llaman “La rusa” y antes de habitar en el frío de su mazmorra del área de psiquiatría del Penal del Topo Chico pasó por cientos de pistas de patinaje sobre hielo.

Paradójicamente su vida ha sido una montaña rusa. Elevadas crestas con súbitas pendientes han deshecho su equilibrio emocional.
Perfección y estética

Llegó a Monterrey para entrenar a los interesados en este deporte que se practica en los clubs sociales de la élite regiomontana. Rusia es famoso por la aportación de los mejores exponentes del patinaje artístico a nivel mundial.

Es un deporte estético, refinado y de una alta exigencia para quienes lo practican. Se le compara con el ballet por el grado de perfección que se debe alcanzar para poder trascender. Es el sueño de miles de niñas realizar loops, flitz y lutz sobre la gélida plancha.

Ya hay más mito que datos sobre su estrepitosa caída en la pista de la vida.

En el 2013 llamó la atención de propios y extraños cuando los medios de comunicación dieron la nota sobre su deambular por la zona del Obispado. Desaliñada, descalza o con zapatos disparejos, un parloteo incoherente le dieron el tono mórbido para una llamativa historia. Pronto el morbo y la nota se diluyeron.

La linda patinadora rusa en desgracia desapareció. Desde hace año y medio aproximadamente que está reclusa sin motivo aparente.

El pasado miércoles, el Gobierno de Nuevo León abrió las puertas del Cereso para dar acceso a los medios de comunicación, con la finalidad de mostrar a la prensa el método de trabajo social con el que pretenden terminar con el autogobierno del grupo delictivo Los Zetas en las instalaciones.

Las autoridades convirtieron el centro penitenciario en un zoológico. Ahí, entre otras mujeres que encontraron en la locura una alternativa para la realidad se encuentra Elena Gouliakova.

De bote pronto responde que ya se quiere ir pero no recuerda el nombre de su abogado.


Incoherencia y encierro

En el espiral por el que se deslizó Elena parece que no hubo solidaridad. Ni de sus compatriotas ni de sus exalumnas.

Tiene la mirada vacía. El área de psiquiatría es un simple pasillo con unas ocho celdas, en donde están encerradas personas con problemas de coordinación mental.

El pasillo está lleno. Siete de las que están encerradas gritan frases sin sentido, y algunas de ellas, se dice entre las reclusas, se golpean y se jalan los cabellos a sí mismas por falta de medicamentos.

Al fondo del área de psiquiatría, en la celda de lado izquierdo, se encuentra Gouliakova, acostada, tranquila y sin mucho que decir.

Al cuestionarle si en algún momento fue víctima de abusos se limita a lanzar una mirada profunda con sus ojos verdes.

“Yo ya me quiero ir (del penal). Desde hace tres semanas estoy esperando a mi abogado porque me dijo que me haría una audiencia y me ayudaría a contactar al cónsul (de Rusia) para irme a mi país o que me den asilo político”.

Pero Gouliakova no recuerda el nombre de su abogado. Ella sufre de lagunas mentales a raíz de que fue abandonada por Nikolay Suetov, quien en blogs y notas periodísticas se dice fue su esposo y con quien en el año 2005 recibió la nacionalidad mexicana.

Una de sus compañeras asegura que no debería de estar recluida.

“La Rusa” viste un suéter de colores. Su cabellera es lacia y dorada.

Quienes la conocen, se asegura en una noticia publicada por un medio local el 10 de enero del 2013, dicen que Gouliakova fue parte de la comunidad de patinaje artístico de Nuevo León.

Incluso la nota establece que perteneció a la Asociación de Deportes Invernales del Estado y a la Federación Mexicana de Patinaje Sobre Hielo y Deportes de Invierno.

Hay una versión que se repite en esta historia: la ruina de Elena inició cuando la abandonó su marido.

Una profunda depresión se apoderó de su ser y comenzó una vida de vagabunda por las calles de Monterrey. Su peregrinar la llevó hasta el Penal del Topo Chico, en donde el pasado jueves se registró una riña entre integrantes de Los Zetas, con saldo de 49 personas sin vida.

En diferentes portales de noticias se hace referencia a que Gouliakova era detenida constantemente por elementos de la Policía Regia por alterar el orden en las calles del Centro de Monterrey, y que en ocasiones era atendida por personal de la Cruz Roja.

“La rusa” es una extranjera que tendría unos 40 años de edad, y que vino a Monterrey por amor, sin saber que su corazón se haría pedazos al igual que su vida.


http://goo.gl/oeVona





Reporte Indigo

1 comentario:

  1. Bueno que no habrá un alma caritativa que busque al cónsul ruso para enviarla de regreso a su país para que esté con sus familiares? Creí que yo era mala pero veo que hay gente muchísimo peor que yo...

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