sábado, 26 de diciembre de 2015

Los Animales refuerzan nuestro sistema inmunológico

La teoría de los gérmenes. En 1846 un médico húngaro llamado Ignaz Semmelweis advirtió que si los médicos se lavasen las manos antes de la entregar los bebés a las recientes mamás durante el parto, las tasas de mortalidad de las madres y los recién nacidos bajarían. En aquel momento, Semmelweis tuvo dificultades para convencer a los demás de sus hallazgos. Finalmente, fue despedido y en última instancia, condenado a un hospital psiquiátrico, donde él mismo se infectó por una cepa mortal bacteriana.

Sin embargo, a pesar de que no fue reconocido en su momento, hoy en día sus afirmaciones son vistas como el primer paso en nuestro largo e incompleto camino hacia la comprensión de la verdadera naturaleza de nuestra compleja relación con las bacterias.
Durante la década de los años 1980, una elevada obsesión por la higiene, llevo a la industria a desarrollar cientos de químicos antibacterianos que adoptamos en nuestras viviendas para destruir todos los patógenos existentes en nuestro entorno cercano, exactamente, es en esa misma década cuando los casos de alegrías se empezaron a disparar, el aumento desmesurado de estos químicos, parecía que había debilitado nuestro sistema inmunológico con una respuesta contraria a la que buscábamos.

Fue el profesor británico en inmunología, David Strachan, quién ya en aquella época, comenzó a proponer que los modelos excesivamente estériles debilitaban nuestros sistemas que no acababan de generar correctamente su inmunidad natural en nuestras tempranas edades.

Pero fue en el año 2003, cuando se propone la teoría de que es necesario un “cebado” de nuestro sistema inmunológico que permita reconocer a nuestros cuerpos en la edad madura a los “enemigos” de los “amigos”, siendo inteligentemente, el cuerpo, capaz de decidir entre las bacterias positivas de las negativas. 

Lamentablemente, la mayoría de nuestros niños, tienen un escaso contacto con la naturaleza, viviendo en las sintéticas ciudades en las que el entorno no favorece ese “cebado” de su sistema defensivo natural.

Al parecer y según ciertas investigaciones, el tener una mascota en la niñez, mejora considerablemente ese sistema natural que los niños deben desarrollar, milenariamente, los niños han vivido entre animales, en entornos de granjas donde ese contacto permanente con el mundo animal “endurecía” su resistencia a los patógenos negativos y permitía al ser humano reconocer al amigo inmunológico o enemigo antes mencionado.

¿Es bueno que los niños disfruten en su entorno de animales de compañía…? posiblemente, más que bueno, sea necesario.



https://goo.gl/g5La8r





Elena Shumilova - Christina Lavers - Eurekalert - NCBI - Thorax - Livescience - Mundo Desconocido

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