lunes, 7 de diciembre de 2015

Contragolpe Europeo

Alemania y Reino Unido se han unido a los países que quieren acabar con ISIS bombardeando Siria. El opositor Jeremy Corbyn no pudo convencer al parlamento británico de buscar otra solución y la apertura de fronteras propuesta por Ángela Merkel tendrá que esperar a que los misiles hagan su trabajo.

El parlamento británico aprobó la intervención militar en Siria y el Reino Unido ya realizó los primeros bombardeos en la zona este de ese país.
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En Alemania, la Bundestag ratificó la propuesta de Ángela Merkel de enviar tropas al Medio Oriente y en breve comenzará la ofensiva bélica de los germanos.

Hasta antes del 13 de noviembre, el involucramiento de Europa en el conflicto en Siria había sido discreto. Por un tiempo, la mancomunidad se concentró en la crisis migratoria, pero la situación tomó un giro diferente después de los ataques en París.

Después de que Francia le declarara la guerra al Estado Islámico, la presión de Estados Unidos y los nacionalistas europeos provocó que los principales gobiernos de ese continente decidieran que la única salida viable para el problema era la bélica.

No hay marcha atrás. Reino Unido y Alemania, las dos principales economías de Europa – junto con Francia – ya comprometieron a sus ejércitos para bombardear los bastiones de ISIS y acabar con la amenaza del extremismo islámico.

Ninguno de los dos países tiene una estrategia clara para después de los ataques. Tampoco pueden garantizar que la misión sea exitosa ni que más sirios inocentes no mueran en el fuego cruzado.

En medio de todo está el factor Bashar al-Assad. Todos el mundo está de acuerdo en terminar con ISIS, pero Rusia desea mantener a al-Asad en el poder. Los demás desean derrocarlo. Los sirios ya han sufrido bastante, pero todo indica que lo peor para esta nación apenas está por venir. 
 
La paz no es una opción para el Reino Unido

Durante el debate que terminó con la anuencia del parlamento británico para bombardear Siria, Jeremy Corbyn le dio la oportunidad de disculparse a David Cameron por haberlo llamado “un simpatizante de terroristas”.

David Cameron, flanqueado por dos ministros de su gabinete – el de hacienda, George Osborne y el del trabajo, Iain Duncan Smith – se quedó callado, impávido ante la solicitud del líder del partido laborista.

En septiembre, Jeremy Corbyn entusiasmó a las izquierdas británicas al convertirse en el nuevo líder del partido laborista.

Hoy las circunstancias han cambiado y el pacifismo de Corbyn no resuena ni con sus compañeros de fórmula. Durante las últimas semanas Corbyn ha sido vapuleado por la prensa británica.

Medios de comunicación de derecha como The Economist ya han vaticinado su fracaso y abierto la puerta a un probable relevo en el partido de oposición.

En septiembre Corbyn era llamado el Bernie Sanders británico. Hoy ni Sanders ni el líder de los laboristas en el Reino Unido viven un buen momento. Los atentados terroristas en Francia han revivido los sentimientos nacionalistas y xenófobos de toda Europa.

La respuesta lógica para el actual gobierno del Reino Unido ha sido repetir lo que Tony Blair hizo después del 9-11.

Blair invadió Irak a principios de la década pasada bajo el argumento de que el gobierno de Saddam Hussein estaba escondiendo armas de destrucción masiva. Al final, nunca se encontraron tales armas, Blair pidió disculpas y la guerra en Irak dejó una consecuencia funesta: ISIS.

A pesar de lo anterior, Cameron ha decidido que su gobierno debe hacer algo al respecto y ese algo es tirar bombas hasta terminar con el enemigo.

Reino Unido ya ha seguido esa estratega antes, no solo en Irak. También en Afganistán y en Libia. En aquellas ocasiones la incursión militar tampoco ayudó a mejorar la situación y, al igual que en Irak, complicó más las cosas.

Las potencias occidentales dicen actuar en nombre de la libertad, pero la superioridad moral está solo presente en el discurso. El argumento que se usa como la panacea es, en el fondo, la causa del odio árabe hacia el oeste.

Alemania frunce el ceño

La migración que provocó la guerra civil en Siria se convirtió en el problema más importante para la Unión Europea.

Los sirios que querían huir del terror eligieron a Europa como el edén al que querían llegar al final de su peregrinaje y con ese deseo se gestó una de las peores crisis humanitarias de la historia.

Alemania tomó el liderazgo en Europa y exhortó a los países de la mancomunidad a abrir puertas y detener el calvario de los sirios.

Ya antes de los atentados del 13-N, los sectores nacionalistas de Alemania se habían pronunciado en contra de las políticas de Merkel. La canciller los confrontó y mantuvo su visión a flote.

Después de París, la situación se ha complicado y la permanencia de Merkel al frente de su gobierno está en peligro. La decisión de invadir Siria era un paso lógico para sobrevivir.

De acuerdo con las últimas encuestas 47 por ciento de los alemanes cree que Ángela Merkel no ha lidiado adecuadamente con la crisis migratoria.

Hace unos meses, contrario a lo que ocurría en otros países europeos, los alemanes recibieron a los sirios con los brazos abiertos. Hoy, la situación ha comenzado a cambiar.

Alemania fue uno de los países que se rehusaron a enviar tropas a Irak en 2003, pero ahora los legisladores germanos han decidido que su país debe entrarle de lleno al conflicto y terminar con ISIS. Esto no ocurría desde 2001, cuando Gerhard Schröder envió tropas alemanas a Afganistán.

Las encuestas sugieren que las posturas conservadoras han desplazado a las visiones pacifistas en Alemania y la mayoría apoyó la decisión de la Bundestag.





Reporte Indigo

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