sábado, 14 de noviembre de 2015

A México le corresponde el triste papel de esquirol de las grandes trasnacionales

Tal parece que el Grupo de los Siete quiere llevar a la humanidad a la Edad Media, para que sean sólo sus élites las que dispongan a placer de la humanidad, sin tener que regirse por leyes de los países empobrecidos. Así lo deja ver el Acuerdo de Asociación Transpacífico (ATP), cuya finalidad es fortalecer aún más a Estados Unidos y así enfrentar el creciente poderío de una anunciada alianza entre Rusia y China. A México le corresponde el triste papel de esquirol de las grandes trasnacionales que se están tragando al mundo. Pero el costo interno es cada vez más dramático.

Es inviable que la Secretaría de Desarrollo Social se la pase regalando despensas y pantallas de televisión digital todo el tiempo para mantener adormecida a la ciudadanía. Los problemas del país son estructurales y no tienen solución en el modelo neoliberal. Es preciso un cambio de fondo, que no está muy distante porque han sido demasiados los abusos de las élites en el poder político y económico. Para el 2018 no habrá más que dos salidas a la crisis que sobrevendrá, inédita en cuanto a sus alcances: un cambio de fondo del sistema político, o un caos generalizado cuyos costos serían impagables para la nación.


El ATP habrá de profundizar la desigualdad y las injusticias en el país, lo que a su vez derivará en mayor inestabilidad y descomposición social. Esto lo saben perfectamente las cúpulas del poder, pero obviamente las tiene sin cuidado. Sin embargo, si preocuparán de manera definitiva a las grandes trasnacionales que tienen fuertes inversiones en México. No les quedará más que sopesar qué les resulta más conveniente: el menor de los males, como sería el caso de dar paso a un cambio favorable a la gobernabilidad del país; o apretar aún más el cuello a las clases mayoritarias, para instaurar de una vez un Estado fascista.

La Secretaría de Economía dio a conocer parte del acuerdo mencionado en el que participan 12 naciones encabezadas por Estados Unidos. Lo que se puede apreciar es altamente negativo para los mexicanos, sobre todo los productores del campo, de por sí muy afectados por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). En tres años, lo poco que queda del agro mexicano podría desaparecer y no quedaría otra opción que depender absolutamente de las importaciones de todos los alimentos que necesitemos, aunque por otro lado llegaría el día en que no tendríamos divisas suficientes para adquirirlos. 

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El colmo será que se acepten las presiones de los laboratorios más poderosos del planeta, para lograr que sus patentes sigan teniendo vigencia de manera indefinida. Ello traería como consecuencia una mortandad como nunca ha visto la humanidad, toda vez que sólo una minoría podría tener acceso a medicamentos de alta calidad y los genéricos dejarían de fabricarse. Es posible que este sea el objetivo central del acuerdo, teniendo en cuenta que el Grupo de los Siete, sus élites, desean hacer una gran poda de habitantes en el planeta. 

El hecho sustantivo es que las economías emergentes seguirán a la baja, sin posibilidad alguna de mejorar sus expectativas, de continuar por la ruta trazada por los grandes intereses trasnacionales. Más aún si en cada país continúa en ascenso la derecha, como si la población mayoritaria estuviera decidida a irse al matadero, como lo hace una manada de cuadrúpedos cuando su líder o macho alfa se deja ir al abismo. México es un magnífico ejemplo de ello, pues a sabiendas de que la derecha en el poder nos está guiando rápidamente a un despeñadero, el ciudadano común sigue si dar señales de alarma o preocupación.

El colmo es que aún haya quien defienda a “benefactores” como Alberto Bailleres, el magnate que recibirá la presea “Belisario Domínguez”, cuando es irrefutable que sus negocios y empresas han sido establecidos con el apoyo total del Estado, sin que él haya tenido que correr un solo riesgo, sin haber invertido un solo peso. Su único mérito ha sido estar en el lugar correcto en el momento más oportuno y cerca de la persona idónea: el inquilino de Los Pinos. Pero incluso estos oligarcas habrán de salir afectados con un acuerdo como el ATP, pues no podrían competir con los consorcios globales, decididos como están a apoderarse del mundo.




Revoluciontrespuntocero

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