miércoles, 14 de octubre de 2015

Pasta de Conchos: Con la muerte bajo sus pies

En medio del dolor de las viudas y familiares y la impunidad, el Grupo México prepara la reapertura de la mina Pasta de Conchos, donde yacen enterrados los restos de 63 mineros que murieron en la explosión ocurrida hace casi 10 años en el estado de Coahuila.

El olor a muerte no se ha disipado del aire de Nueva Rosita, Coahuila. A casi 10 años de la tragedia de Pasta de Conchos, las viudas de los mineros siguen en la vana espera de que alguien les devuelva los restos de sus maridos.
http://goo.gl/h6gySc
Nadie las escucha

El reclamo de los mineros se mantiene vivo, a veces, solo por el terco recuerdo de saber que dentro de la mina están abandonados 63 cuerpos que claman justicia.

El movimiento de protesta se desgastó. Lo ha oxidado el tiempo. Nadie escucha el reclamo amoroso de las que quieren tener de vuelta los restos de sus maridos para poder estar en paz.

Ni el Gobierno Federal ni la minera del Grupo México han manifestado la intención de cumplir el ofrecimiento hecho en el 2006.

Próximamente volverá a operar la mina que hoy sirve de tumba a los mineros. Grupo México ya contrató 300 trabajadores para nuevas excavaciones en el sitio.

Por eso ninguna de las viudas está sosiega.

La empresa –que solo cambió de razón social pero que sigue siendo operada por Grupo México – ya inició negociaciones con el sindicato minero, que encabeza Napoleón Gómez Urrutia, para la contratación colectiva de por lo menos 300 asalariados, los que eventualmente estarían reabriendo la mina de Pasta de Conchos.

Dobles víctimas

La reapertura de la mina de Pasta de Conchos ha causado malestar entre los deudos de la tragedia, principalmente entre las viudas, en donde sigue intenso el dolor por los mineros sepultados.

No hay resignación. La mayoría de las viudas no quieren que se reabra la mina. Nadie quiere que los cuerpos de sus esposos sean eternamente tragados por la tierra. Los gritos de ayuda de ese sector ni llegan a ninguna parte. No hay instancia oficial que atienda el reclamo de las viudas que claman por el regreso de los restos de sus mineros.

tEl abandono oficial ha empujado a este grupo de dolor a tirarse a los brazos de cualquier organización que les ofrezca un gramo de esperanza. El anhelo de recuperar los restos áridos de sus maridos, está por encima de todo. Por eso no han faltado las organizaciones no gubernamentales, algunas carroñeras, que medran con la desesperanza y las lágrimas.

La imagen de los 63 mineros sepultado en Pasta de Conchos, se comercializa como souvenir, generando fondos que van a todos lados, menos hacia las viudas.

Ellas lo saben. Son dobles víctimas de una tragedia a la que desde el primer día se trató de sepultar igual que a sus mineros. Por eso la rabia en algunos rostros. Por eso el rencor acumulado de casi una década. Porque a pesar de la esperanza, la realidad las sacude: ni el Gobierno Federal o estatal, menos el municipal, pueden hacer nada ante los intereses del Grupo México que se niega a la recuperación de los cuerpos.
Para ellas, las viudas, se ha congelado el tiempo. Nada ha curado la distancia. Todos los días repiten el sentimiento que vivieron la madrugada del 19 de febrero del 2006, cuando en la Mina 8, de la Unidad Pasta de Conchos, se generó una explosión en punto de las dos de la mañana.

Era el tercer turno. Setenta y tres trabajadores laboraban, de los cuales ocho fueron rescatados vivos, golpeados y con serias quemaduras. Sesenta y cinco mineros quedaron atrapados, de los que solamente fueron rescatados dos cuerpos.

Hace mucho tiempo que las viudas de los mineros dejaron de tener interlocutores. Hace 9 años que no tienen contacto con la minera que no les supo dar respuesta a sus reclamos. Hace también 9 años que el Gobierno Federal rompió cualquier posibilidad de diálogo para atender las necesidades de los deudos de los mineros. Ellas se debaten en el dolor de no poder siquiera llorar a sus muertos sobre la tierra que los guarda. La minera no les permite el acceso a donde los mineros quedaron sepultados.

La Federación no ha querido – o no ha podido- interceder ante el grupo minero para que permita el acceso a las viudas que quieren vaciar el corazón sobre la árida tierra de sus maridos. Solo una vez al año, justo en el aniversario luctuoso, se les permite visitar la mina-tumba de Pasta de Conchos, en donde como único recuerdo se oficia una misa y se sienten los llantos de dolor por los que no han podido regresar del fondo de la tierra.

Consumida en el dolor

A Elizabeth Castillo Rábago todos la conocen en su colonia como “La viuda”. La califican despectivamente. A sus 50 años de edad dice que no encuentra la paz. No está conforme porque sabe que la minera y el Gobierno Federal dejaron morir a su esposo. Tiene la certeza de que Gil, su marido, duró vivo al menos 3 meses. Si el rescate lo hubieran comenzado cuando los dieron por muerto, asegura Elizabeth, seguro lo encuentran con vida.

“Gil era un hombre precavido”, dice con la certeza de quien conoce a alguien de toda la vida, “se sabía bien la mina. Estoy segura que pudo racionar por mucho tempo alimento y agua. Pudo haber comido animales y mojarse solo los labios para aguantar la sed”.

Tiene la seguridad de que no murió a la semana como lo decretó el Gobierno y los técnicos pagados por la minera.

Por eso Elizabeth permaneció más de un mes haciendo guardia noche y día en la mina. Tenía la esperanza de ver salir a su esposo. Ella no se creyó la versión oficial del fallecimiento de los 63 a la semana de la explosión. El coraje fue lo que le dio la fuerza para salir de su espasmo de dolor y lanzarse contra el gerente de la mina Fermín Escudero, al que quiso sujetar por el cuello, cuando decretó la muerte de los mineros.



Reporte Indigo



No hay comentarios:

Publicar un comentario