martes, 20 de octubre de 2015

El Vietnam de Obama

En contra de las metas establecidas al inicio de su gobierno, el presidente de EU anunció que no retirará a sus tropas de Afganistán hasta 2017. La decisión de Barack Obama - ganador del Premio Nobel de la Paz en 2009 - pondrá a este conflicto a un año de superar a Vietnam para convertirse en la guerra más larga en la que ha participado EU.

La guerra de Vietnam duró 17 años. La de Afganistán lleva catorce.

Si se le añaden los otros catorce que duró la guerra ruso-afgana (1978-1992), en donde Washington apoyó a los muyahidines que derrotaron a la extinta Unión Soviética, la intervención bélica del gobierno de EU en Afganistán, es ya la más larga de su historia.
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El conflicto dista mucho de estar resuelto y la Casa Blanca ya anunció que las tropas no saldrán del país asiático hasta 2017.

De acuerdo a las últimas declaraciones de Obama, las fuerzas afganas todavía son frágiles y hay riesgo de que éstas se deterioren. Reafirmó que su gobierno no permitirá que Afganistán vuelva a ser un refugio seguro para grupos terroristas que planeen atacar EU.

El cisne no cantó

Estados Unidos tendrá un nuevo presidente el próximo año. El o la elegida heredarán, como normalmente pasa, una serie de problemas y conflictos que la administración anterior no pudo o ni quiso resolver.

Los presidentes salientes de EU normalmente se concentran, durante sus últimos días al frente del país, en un tema. Un logro que les permita dejar un legado que englobe con éxito el tono de su administración. Algunos han tenido más suerte que otros. 


Barack Obama llegó a la presidencia en 2008 con grandes expectativas.

A un año de haber asumido el cargo obtuvo el Premio Nobel de la Paz por “sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”.

Los ocho años de Obama al frente de la nación más poderosa del mundo no han sido fáciles. La crisis económica emanada de Wall Street impactó al mundo justo cuando él tomaba las riendas del país y desde ese momento todo, al parecer, ha ido cuesta abajo.

En 2012, EU se polarizó y Obama estuvo cerca de perder la presidencia para los demócratas. El poco carisma de su contrincante Mitt Romney ayudó, pero Obama sólo pudo sacarle cuatro puntos porcentuales al republicano.

El legado – el canto del cisne – del gobierno de Barack Obama prometía ser el retiro definitivo del ejército estadounidense de Afganistán antes del final de su gobierno. Esto no sucederá.

A poco más de un año de dejar la oficina oval, es un hecho que Obama ha decepcionado a muchos de sus defensores.

Hace un mes, Geir Lundestad, ex director del Instituto Nobel declaró que darle el premio al presidente de EU pretendía servir como catalizador para que Obama pudiera cumplir sus promesas de campaña.

Lundestad y otros coinciden en que el Nobel de la Paz fue un error y sólo saco de proporción las expectativas mundiales sobre el futuro desempeño del primer mandatario afroamericano en EU. 
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Un mal cálculo

En su anuncio de la semana pasada Barack Obama no mencionó a Irak. No obstante, las constantes críticas que ha recibido Estados Unidos después de retirar a sus tropas de Irak (en dos ocasiones), para sólo dejar a ese país en un estado de guerra civil severo, parecen ser la razón detrás de la última decisión del actual presidente.

La decisión de invadir Afganistán en 2001 fue aprobada por unanimidad en el Congreso. Esto no resulta extraño en un país que, a pesar de asegurar que la fuerza militar debe ser el último recurso en un conflicto, la historia y sus guerras preventivas indican totalmente lo contrario.

En 2001 sólo una diputada, Bárbara Lee, se opuso al envío inmediato de tropas tras los ataques del 11 de septiembre.

La congresista defendía el derecho de EU de protegerse ante genuinas amenazas a su seguridad nacional, pero en 2001 temía que esa autorización sirviera para perpetuar conflictos bélicos en Afganistán y en otros lugares.

La diputada Lee apoyó las dos campañas presidenciales de Obama y durante todo ese tiempo, declaró su rechazo a mantener lejos de EU a las tropas que intentaban acabar con el régimen talibán.

En lugar de escuchar a su partidaria, el presidente ha decidido permanecer en Afganistán con un contingente de guerra completamente equipado. El mismo que hace menos de un mes bombardeó por error el hospital de Médicos sin Fronteras en la ciudad de Kunduz.

Inversión ineficiente

A todos los argumentos presentados por aquellos que se opusieron a la invasión de Afganistán en 2001 y que se oponen a la permanencia del ejército de EU en ese país, se añade el altísimo costo de la intervención militar.

Según datos recientes, la guerra en Afganistán ha costado alrededor de $715 billones de dólares. Cada hora de esta guerra – la cual todavía no tiene una fecha de finalización clara – le cuesta 4 millones de dólares a los contribuyentes estadounidenses.

Los resultados: El terrorismo se ha expandido en el Medio Oriente y en todo el mundo gracias a ISIS y otros grupos extremistas. En Afganistán el incipiente gobierno democrático no ha podido, a pesar de la ayuda de Estados Unidos, contener a los talibanes y el riesgo y, sobre todo, el miedo de sufrir un nuevo atentado en territorio estadounidense siguen vigentes.

La guerra de Afganistán, así como la de Irak y la intervención militar de EU en Siria han dejado a su paso sólo más conflictos sociales y étnicos, los cuales cada vez son más violentos y difíciles de controlar.

La única guerra que Estados Unidos había perdido era la de Vietnam. Por muchos años los gobiernos en Washington se rehusaron a aceptar una derrota inminente en Asia del sur.
A los estadounidenses no les gusta perder y menos dos veces.

Hoy en día la intervención de Rusia en Siria, uno de los más grandes rivales de EU, parece superficialmente más exitosa que el desempeño del ejército norteamericano en Afganistán, en Irak o en Siria durante los últimos 20 años.


Reporte Indigo



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